Mayores y pandemia

En mi reposo vespertino estaba viendo una corrida de rejones desde Logroño. Toreaban los Hermoso de Mendoza, padre e hijo, y en el brindis de su segundo toro Pablo Hermoso, lo brindó a las personas mayores que gracias a ellas y a su trabajo tenemos lo que nos hemos ganado.

¿Qué hemos hecho los mayores para que tanta gente nos recuerde, unos para bien y otros para mal? Sencillamente trabajar y soportar pandemias de todo tipo, pocas como la que en la actualidad nos afecta y se nos ha llevado a muchos de los nuestros. Qué pena que el final de nuestra vida se condicione a una forma de pensar extraña y a una forma de morir sin cariño y lejos, la mayoría de veces, de nuestros seres más queridos, circunstancia para la que no estábamos preparados.

No y mil veces no. Nuestra edad conlleva enfermedades pero nunca el abandono de unos valores en los que siempre hemos creído y hemos procurado cumplir. Ni somos ni queremos ser muñecos manejados por extrañas pandemias.

Llegar a ser mayores nos permite reivindicar las cosas que siempre hemos pensado que podríamos hacer: el uso de nuestra libertad, bien ganada, que realmente es lo único que conseguimos con nuestra edad, y consecuente con nuestra pensión. Somos el mayor colectivo de personas de este país y siempre parece que vayamos mendigando nuestras mejoras y nuestros derechos.

Ahora, como Sócrates, después de años de esfuerzo, sacrificio y entrega, nos consideramos dignos de ser alimentados en el Pritaneo a expensas del Estado (la mayor recompensa que Atenas dispensaba a un ciudadano) y que, en nuestro caso, es el Estado español (un poco más pobre que el Pritaneo griego) el que nos dispensa tal honor, a través de una pensión que nos permite disfrutar de una libertad que nos hemos ganado, y dedicarnos a nuestra familia, nuestros amigos y a hacer lo que siempre hemos pensado hacer cuando fuéramos mayores.

No quisiera terminar sin hacer una llamada a que colaboraseis a erradicar la soledad de esas personas que conocemos y que sabemos de su necesidad de sentirse acompañados y, si puede ser, queridos, sobre todo en estos tan difíciles momentos. No es tan difícil lo que habéis hecho en estas circunstancias. Vamos a seguir y a conseguir. Nos lo hemos ganado y nos lo merecemos.

Hablas con una persona y cuando se despide de ti te dice: «¿Y a quien le cuento lo que hemos hablado?» Si vive sola no se lo puede contar a nadie. Si vive acompañada llega a casa y lo único que oye es «CHITÓN», estamos con el ordenador, con el móvil, con la cocina. No puede contárselo a nadie. Es triste la soledad y mucho más con esta espada pandemiana que tenemos encima.

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