Las residencias de personas mayores frente al coronavirus

Durante estos meses de emergencia sanitaria en muchas ocasiones ha sido puesto en tela de juicio el trabajo de las residencias, lugar de cuidados y vida de casi 26.700 personas mayores en la Comunidad Valenciana en sus 327 centros. De ellos, actualmente sólo hay casos positivos de Covid-19 en 20, lo que supone una tasa libre de contagio de más del 90 %.

Pero las residencias son necesarias ante las situaciones de dependencia y fragilidad, cuando a las personas no se les puedan proporcionar en casa los cuidados que precisan. Este recurso nunca ha tenido reconocimiento político ni social. En concreto, en la Comunidad Valenciana faltan muchos centros y falta mucho apoyo desde la Administración Pública. Esta falta de apoyo se ha manifestado con crudeza durante la pandemia.

El confinamiento, la distancia física y el cierre de los centros al exterior para aislarse del virus han disminuido la actividad social y relacional en los centros y han dificultado la realización de los programas terapéuticos habituales. Los muchos protocolos a seguir tampoco han facilitado el trabajo cotidiano. Estos profesionales con gran vocación y entrega, casi todos ellos sin formación suficiente para afrontar una emergencia sanitaria, modestos salarios y con ratios que por normativa están por debajo de lo necesario en el momento actual, dado el perfil de los residentes, han realizado grandes esfuerzos para proporcionar la mejor atención posible. El 84,97% del total de fallecidos ha sido personas mayores de 70 años, y los datos indican que solo el 35,62% de las personas que murieron vivían en residencias, lo que demuestra que las entidades y los profesionales que trabajan en la Comunidad Valenciana han mostrado buenos niveles de competencia y las personas están en buenas manos.

Desde la Gerontología y la Geriatría, en los últimos años hemos comenzado a trabajar por un cambio de modelo en los cuidados. Por ello, frente a una nueva ola de coronavirus, los centros deben poder asegurar que los programas terapéuticos y sociales se llevan a cabo para poder mantener las capacidades de las personas que allí residen. De una manera integral e integrada creemos necesario poner en el centro a las personas que precisan cuidados de larga duración, que las personas dejen de ser vistas como enfermas o dependientes y sean consideradas personas únicas y con derechos. Además de recibir la mejor atención bio-psico-social-espiritual en unos buenos entornos de cuidados las personas deben vivir con dignidad y continuar desarrollando sus proyectos de vida con los apoyos profesionales necesarios.

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