Escuelas de entretenimiento

Uno de los libros más interesantes que se han publicado este año es el del profesor Gregorio Luri, que lleva por título ‘La escuela no es un parque de atracciones’ (Ariel). Ha elegido un subtítulo interesante que ha colocado en la portada con los siguientes términos: «una defensa del conocimiento poderoso. Es una brisa de aire fresco que deberían conocer todas las escuelas de Magisterio y facultades de Educación de Europa, donde los didactólogos-sofistas se ganan la vida resignificando los curricula con neurojergas competenciales, transformando las asignaturas en módulos de aprendizaje y sustituyendo el conocimiento poderoso del ‘studium’ por una degradada versión de la ‘curiositas’.

En la introducción, nos recuerda algo tan revolucionario como que los pobres solo cuentan con la escuela para salir de la pobreza. Lean con atención: «… si un niño rico encuentra al llegar a la escuela cerradas las puertas del conocimiento, tiene otros lugares a los que acudir. El pobre no. Los pobres se merecen una escuela ambiciosa que no aspire simplemente a entretenerlos. Se merecen profesores justos que no sientan lástima de ellos y que no les exijan menos de lo que pueden dar de sí. Necesitan buenos profesionales y no solo pedagogos románticos… Los pobres necesitan educadores valientes que no teman defender públicamente, en contra de la ortodoxia pedagógica, que el conocimiento es un derecho de todo los alumnos. Necesitan escuelas que no los remitan como mercancías defectuosas a la universidad, con graves problemas de comprensión lectora. Necesitan profesores honestos que no los estafen ocultándoles la objetividad de sus resultados escolares. Necesitan métodos respaldados por evidencias, no métodos dogmáticos. Necesitan, en definitiva, que alguien con autoridad les haga visible lo mejor que pueden llegar a ser y estimule su apetito para alcanzarlo».

No sé si la ministra Celaa, en la convalidación del real decreto que permite pasar de curso sin límite de suspensos, ha tenido en cuenta al maestro Luri. Parece claro que este gobierno y la comparsa de pedagogos autonómicos que lo avalan no están preocupados por el papel de la escuela en la lucha contra el empobrecimiento. Ya no les basta solo con mentir sarcásticamente y dinamitar la clase media, quieren transformar el sistema educativo en aulas para el entretenimiento. En lugar de universalizar la aristocracia y elegir el fuego lento de los codos para promover mérito y capacidad, han optado por hundir más la educación instalándola en la mediocridad. Han convertido la escuela en un ruinoso parque de atracciones.

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