Grandes batallitas

A Valentín Gómez Montes, ‘Valischka’, unos amigos le invitaron hace diez años a participar en una recreación histórica en el cerco de Artajona, una de las fortificaciones medievales más impresionantes de Europa, allá en su Navarra natal. Cuando ya creía haberlo visto todo por el objetivo de una cámara, este fotógrafo descubrió una pasión que le ha llevado a recorrer toda España y parte de Europa a bordo de su autocaravana, siempre en busca de episodios teñidos de sangre, pendones al viento, coraje y honor; de lanzas en ristre, ametralladoras que simulan fuego y el olor a pólvora por la mañana.

Tenía que haber ido a Moscú, el viaje más largo en el que se ha embarcado, pero la pandemia se encargó de desbaratar sus planes. No desespera. La Batalla del Ebro, el Desembarco de Normandía, Verdún, Almeida… Raro es el episodio histórico por el que no se haya dejado caer. «Waterloo fue inolvidable, la última batalla de Napoleón. Verme metido allí, entre 6.000 recreadores, abriéndonos paso entre el trigo todavía verde que nos llegaba hasta la cintura. Uniformado como ellos, al son de los tambores y las gaitas del Regimiento 42 de Highlands. Imagínate lo que tiene que ser saltar al Bernabéu, la multitud rugiente que te recibe, los flashes que destellan… Mejor aún. 200 cañones disparando a la vez y tanto humo que no distinguías al amigo del enemigo».

‘Valischka’ no sólo recrea batallas napoleónicas, también eventos medievales, la Guerra Civil, las dos Mundiales, los tercios de Flandes… No pertenece a ningún grupo, pero es una referencia para todos ellos, que contactan con él cuando organizan sus eventos, subyugados por la tensión que es capaz de transmitir con una cámara. Les encanta la historia y revivirla, pero no porque sean gente agresiva. «Nos gusta conversar al calor de una hoguera, todavía con los uniformes, discutiendo los errores o si el episodio que hemos recreado ha estado a la altura».

Unidad de la Wehrmacht en los bosques manchegos de Montalbanejo.
Unidad de la Wehrmacht en los bosques manchegos de Montalbanejo. / Valischka

«Define friki»

Antonio Ramos, secretario tesorero de Primera Línea, es un veterinario palentino que acabó en Huesca y que consagra sus fines de semana a organizar visitas guiadas teatralizadas y a montar ‘displays’, escenarios donde se recrean desde un puesto de transmisiones a uno de observación artillera. Su pasión es el frente de Aragón, desde una trinchera en la Sierra de Alcubierre hasta la toma de Siétamo a manos de las milicias catalanas. «Da igual a lo que te dediques, lo mismo economista que albañil, todos somos historiadores de vocación y los hay incluso de carrera».

Suman trece miembros, entre los que hay dos chicas. «Sólo ponemos una condición: el que se une al grupo tiene que estar dispuesto a representar a los dos bandos. Aquí no hay ni buenos ni malos». Todos dan forma a un proyecto que se nutre de colecciones particulares –uniformes, intendencia, armas–, «no pedimos subvenciones y nos financiamos con la cuota de socio y lo que sacamos con algún photocall». Sin duda es gente motivada, «lo último que se nos ha pasado por la cabeza es aprender morse».

Antonio calcula que serán «alrededor de veinte» los grupos dedicados a recrear la Guerra Civil española, «gente con tus mismas inquietudes y entre los que nos echamos una mano cuando no disponemos de gente suficiente para llevar a cabo un proyecto». Le preguntamos si la guerra engancha. «Lo que engancha de verdad es servir de correa de transmisión, despertar la curiosidad de la gente. El pasado hay que conocerlo –dice– aunque sólo sea para no repetir los errores».

«No está al alcance de cualquiera. Buscas piezas originales… Mi equipación de paracaidista rondará los 1.500 euros» Jesús González | Northwest Paratroopers

«¿Que si somos frikis? A menudo nos ponen esa etiqueta, pero es por desconocimiento. Te pregunto yo: ¿Y si te gustan los coches o los videojuegos? ¿Qué separa a un friki de alguien que vive su afición con pasión?». «Yo tenía un amigo que se sabía de memoria todos los campos de fútbol de Europa», interviene Alberto Boo, mientras saca lustre a su uniforme de los Durhams, una unidad de infantería ligera británica anterior a la Segunda Guerra Mundial. Dunkerque, la campaña del norte de África, la de Sicilia, el Día D… «Somos diez, hay gente sobre todo de Madrid, pero también dos vascos, uno de Valencia y yo que soy de Burgo de Osma».

¿Cómo han llegado hasta aquí? «Eso me pregunta mi mujer, sobre todo cuando abre mi armario. Muchos lo hacen a través del coleccionismo, el cine bélico, las maquetas… Aprendes mucho porque esto requiere una labor de investigación grande, visitas sitios, socializas…». La verdad es que no dejan nada al azar, tampoco su aspecto físico. «Somos exigentes, buscamos un perfil de soldado, tener buen aspecto y estar dispuesto a los desembolsos que exige la equipación». Aquí es donde entra en juego internet, donde se tiene acceso a equipaciones que se fabricaron por millones. «Hay webs donde adquirir toda lo necesario, desde el uniforme hasta la ropa interior, la documentación, raciones de campaña… el petate entero. Hay mercado para todo, desde material original bien conservado hasta réplicas de calidad y a buen precio».

«No es una afición barata, tampoco inaccesible», precisa Jesús González, quien se disculpa como el niño al que han pillado en falta sus padres. «El cuerpo te pide más, buscas piezas originales…». Su uniforme de paracaidista cuesta unos 1.500 euros. «Bueno, también tengo una bandera japonesa firmada por todos los miembros de la familia del soldado que enviaron al frente con ella. Los 280 euros mejor gastados de mi vida», desliza ufano.

«Hay escenografías que nos pueden llevar un año, es como si fueran un lienzo. La calidad y el rigor son fundamentales» Guillermo Tabernilla | Asoc. Sancho de Beurko

Jesús pertenece a los Northwest Paratroopers, la división aerotransportada presente en Normandía, Las Ardenas, la bolsa del Ruhr o Market Garden, la operación llevada al cine bajo el título de ‘Un puente lejano’. Episodios todos ellos que este grupo –la mayoría gallegos– recrean, entrenan y fotografían en localizaciones que se asemejan a los escenarios originales, casi siempre fincas de conocidos. Siempre llevando al extremo el maquillaje y el envejecido de trajes. Uno de ellos los catapultó a la fama, «cuando una marca norteamericana de ropa de réplica contactó con nosotros y nos hizo un patrocinio con otras uniformidades». Ahora tienen pendiente un proyecto sobre la 1ª División de Infantería, donde combatió su paisano Manuel Otero, muerto en Normandía». Reconoce que están «encasillados», aunque tampoco parece importarle.

recreadores con su equipación ante un caza Polikarpov I-16 'Mosca' en el Camp d'Aviació de la Sénia (Tarragona).
recreadores con su equipación ante un caza Polikarpov I-16 ‘Mosca’ en el Camp d’Aviació de la Sénia (Tarragona). / Wais Sverus

Una guerra «de pobres»

Cerca de allí, en Asturias, Enrique Menéndez, pendiente de los rebrotes del Covid, ha tenido que renunciar este año a organizar su recreación. Llevaban 8 años celebrando cada mes de septiembre el que es uno de los eventos más populosos sobre la Guerra Civil que se celebran en España, el de Grullos, concejo de Cándamo. Siempre relatando episodios distintos, desde el cerco de Oviedo hasta la batalla del Mazuco. Su grupo, Frente del Nalón, lo integran 40 recreadores, aunque llegan a participar centenar y medio llegados de toda España, además de polacos, rusos… «Damos mucha importancia a lo que nosotros llamamos ‘museo vivo’, una decena de stands que yo comparo con un Belén. Puestos de mandos de los oficiales (de ambos bandos), un hospital de campaña o un taller de vehículos blindados».

Tampoco renuncian a retratar la vida cotidiana de la población civil, incluidas retransmisiones de radio o verbenas patrióticas. «El principal hándicap que tenemos frente a las batallas napoleónicas o las del norte de África, es que la nuestra fue una guerra de pobres. Aquí no utilizamos uniformes elegantes, ni corazas que refulgen, así que tenemos que explotar una rigurosidad casi enfermiza», describe. «A mí me interesa mucho explicarle a un chaval que tiene Spotify cómo, en los años 30, hacía falta un gramófono para escuchar música, y que para oír algo tenías que darle a la manivela durante dos minutos». Quizá el frío y los piojos resulten asuntos poco épicos, reflexiona Enrique, «pero en eso consistía el día a día».

«A todo el que se une sólo le ponemos una condición: tiene que representar a los dos bandos, aquí no hay ni buenos ni malos» Antonio Ramos | Primera Línea

El circuito no se limita a eventos públicos. En Euskadi, la asociación Sancho de Beurko propone un trabajo privado, intimista y extraordinariamente riguroso. Sus seis integrantes desarrollan un proyecto de memoria histórica, Fighting Basques, combatientes vascos en la segunda Guerra Mundial, que sigue dos vías: la investigación, que se materializa en libros, artículos y un blog; y otra más visual, en la que trabajan con fotógrafos y escenógrafos, que es la recreación histórica.

Imitar lo ocurrido es sólo un medio, resume Guillermo Tabernilla, su escenógrafo. Milicias vascas antifascistas en Madrid, ‘niños de la guerra’ en Leningrado, el Special Air Service (SAS) donde combatió el vizcaíno Justo Balerdi… Incluso la batalla de Iwo Jima en un antiguo pueblo minero de Bizkaia, con el que rodaron un documental que en 2019 pasearon por California. «Compones episodios como si fueran un lienzo, y hay trabajos que nos pueden llevar un año». El respeto al pasado no se lleva bien con las prisas.

Un derroche de logística para asaltaruna trinchera

Alberto, de los Durhams, no se lo perdonará nunca al Covid. «Todos los eventos están cayendo uno detrás de otro, uno de los últimos el de Albentosa, que estaba programado para este septiembre. Alcuberre, por ejemplo, llevábamos un año preparándolo». No es ninguna tontería. Organizar una de estas citas requiere permisos administrativos del ayuntamiento, de la Subdelegación del Gobierno, de la Comandancia de la Guardia Civil por la cuestión de las armas… Las hay históricas inutilizadas -con su consiguiente certificado del Banco Oficial de Pruebas de Eibar (BOPE)-, armas simuladas o réplicas, también en tiro con munición de fogueo. «Y cada una requiere una autorización distinta».

Una vez los papeles en regla hay que encontrar las localizaciones que más se ajusten al episodio que se va a recrear, quiénes van a acudir y qué ayuda necesitas de otros grupos para dar forma a lo que tienen en mente. «Dónde se aparca, se come, se duerme, la pirotecnia, las ambulancias, Protección Civil…». Imagínense lo que tuvo que ser tomar Omaha.

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