¿Por qué?

Desesperada, hay mucha gente que se devana los sesos queriendo saber por qué. ¿Por qué las cosas nos van tan mal? ¿Por qué España ofrece uno de los peores balances del mundo tras los primeros meses de la pandemia? ¿Por qué, en puertas del otoño, sigue habiendo tanto contagio y estamos entre los países de peor paisaje sanitario?

En esa angustiosa situación, que a mucho gente no le deja ni dormir, hay una salida fácil que es echarle la culpa al gobierno y más en concreto a Pedro Sánchez. Pero, en un deseo de ir más allá, yo quisiera añadir diez razones por las que creo que nos pasa lo que nos pasa. Unas razones que estaban vivas mucho antes de la epidemia pero que, añadidas al esperpento de Gobierno, pueden explicar lo que nos está ocurriendo. En España, en mi opinión, nos pasa lo que nos pasa, entre otras razones porque:

– Existe un concepto multitudinario de la vida y el disfrute, de la relación social, la alegría, el compañerismo y la amistad, de modo que no hay cumpleaños sin reunión de un buen rebaño humano, ni boda o funeral de menos de 300 personas.

– Somos un país donde los hijos no son cordialmente invitados a dejar el hogar paterno a edad muy temprana, normalmente a los 18 años, de modo que vivimos bastante hacinados.

– La vida española se ha conceptualizado por corralitos autonómicos, de modo que todavía se toma como raro, y doloroso, estudiar o trabajar lejos del lugar de nacimiento.

– Usamos a los santos y las vírgenes como pretexto para unas fiestas que básicamente consisten en reunirnos de manera tumultuosa para comer y beber sin miramiento.

– Somos uno de los pocos países del mundo donde en un bar o en un restaurante pueden comer juntos, reuniendo mesas, ocho, doce, diecinueve o veintiséis personas.

– Existe desde hace años un fenómeno juvenil llamado «botellón» que nadie se ha preocupado en prohibir y perseguir como ocurre en el mundo civilizado.

– Somos un país donde el ocio nocturno se considera sagrado y donde se consiente que la gente tenga lugares de consumo hasta las tres, las cinco o las siete de la mañana.

– No hay la más mínima templanza, paciencia ni autocontrol entre los que practican sin tregua deportes al aire libre.

– Existen las autonomías, que han sumido en un caos de gestión a todo el país, durante toda la pandemia.

– Hay una lacra, llamada nacionalismo, que incluso hace competición con los muertos.

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