Elegir bando

El mundo se divide en dos. En cualquier ámbito hay que escoger: victoria o derrota, carne o pescado, buenos o malos, calvicie o pelo, blanco o negro, ricos o pobres… Parece que siempre hay que clasificar y elegir uno de los dos lados. Un amigo sostiene otra curiosa división: «No existen más que dos tipos de personas: los que tiene úlcera de estómago y los que la provocan». En esta época de redes implacables y riesgos de polarización deportiva, política, económica, social, cultural… nos revelamos ante esta simplificación, muchas veces absurda e injusta. Este reduccionismo, provoca a su vez, que tendamos a creer que las cosas van peor de lo que en realidad van. El inevitable sesgo de la negatividad. También ocurre en el fútbol. Un profesor de la escuela de entrenadores resumía en una frase el oficio: «No hay más que dos tipos de entrenadores: los que ganan… y los que no son entrenadores». Es una clasificación incontestable corroborada por la vida misma: quien no obtiene resultados, termina dejando el banquillo. Tras la amarga derrota en el derbi, todos los dedos acusatorios granotas se han dirigido al míster ante el cúmulo de evidentes decisiones erróneas que provocaron la dolorosa goleada. Como consecuencia, se ha agudizado un debate latente desde tiempo atrás entre partidarios y detractores de Paco López. O estás con él o contra él, cuando -en realidad- no hay dilema. Si el equipo vence, el técnico de Silla seguirá porque tiene contrato en vigor hasta 2022. Pero si se hunde en las diez primeras jornadas será despedido agradeciéndosele los servicios prestados. Así de simple y sin la garantía de que el sustituto fuera capaz de levantar un vestuario complicado, lleno de egos. López no es perfecto. Nadie lo es. Tiene sus virtudes y sus defectos. Y, cuántos más partidos dirige, más evidentes se hacen unos y otros. No vamos a volver a recordar, a riesgo de resultar cansinos, las decenas de cuestiones mejorables en sus planteamientos. Pero también habría que poner en la balanza los muchos aciertos que ha tenido, comenzando por las victorias de renombre con un fútbol espectacular y siguiendo por haber dado continuidad a una de las mejores etapas de la historia del club en 111 años de vida. El inevitable sesgo de la negatividad hace que retumbe con más eco lo negativo que las cosas que, por ahora, continúan yendo bien. Pero también es cierto que nada es eterno y todo tiene su fin. Dicho lo cual y, puestos a elegir, me declaro firmemente partidario de la no continuidad de López para evolucionar y evitar una situación límite. Por ahora, apúntenme en ese bando. O no.

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