El desempate

Es indiscutible que el recuerdo de Vicente Blasco Ibáñez se mantiene vivo para los valencianos. Quizá porque da su nombre a una de las avenidas más largas y hermosas de la capital… que desgraciadamente no besa el mar. Quizá porque reverberan en los ciudadanos más mayores y en los de mediana edad las imágenes de aquellas series míticas de televisión de finales de los setenta y principios de los ochenta como ‘Cañas y barro’ o ‘La barraca’. Pero, como casi siempre con este tipo de insignes personajes, su conocimiento es el del monolito de granito de letras cinceladas o el de la casa-museo inaugurada entre alaracas y no el de su extensa obra literaria, periodística, política o vital. En realidad, es un icono que ha podido sobrevivir solvente a sus características contraculturales o contracíclicas: hijo de naturales de Teruel -tierra que tiene mucho más que ver con los valencianos que la Cataluña interior-, decidió escribir en español convencido de su universalidad; aunque dominó a la perfección el valenciano. De hecho, el fundador de este periódico y prócer de la Reinaixença valenciana, Teodoro Llorente, le animó en alguna ocasión a escribir «en lemosín», sin saber que le invitaba, como posteriormente iluminó Joan Fuster, a hacerlo en catalán (?). Este último símbolo, para quien lo desconozca, significa ironía o sarcasmo. Blasco cometió dos graves pecados como escritor e intelectual: el primero, contemporáneo y en opinión del académico Ramón Tamames, no frecuentar en los ambientes contemplativos de la Generación del 98 en Madrid; el segundo, extemporáneo o retroactivo, no escribir en la neolengua fabrina y no exaltar los supuestos orígenes catalanes de su amada tierra. Resulta tremendamente divertido observar los tímidos intentos del catalanismo por ‘valencianiTZar’ la obra, e incluso el nombre de pila, del autor de los ‘Cuatro jinetes del Apocalipsis’ -otro ejercicio de infiltración y manipulación de la iconografía valenciana- si tenemos presentes artículos de opinión suyos como el titulado ‘La lepra catalanista’, publicado en 1907 en el diario El Pueblo. Blasco Ibáñez es el escritor valenciano más universal de la Historia moderna, llegando a ser considerado el segundo más apreciado por los estadounidenses en 1924 (Internacional Book Review) y adaptada su obra al cine -el del Hollywood dorado incluido- o la televisión en una treintena de ocasiones.

Va siendo momento de romper con la adoración a esos falsos ídolos del fusterianismo que no empataron con nadie y retomar la admiración por aquellos notables que brillaron por su influencia universal y público amor por Valencia.

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