Johnny Depp: «Yo no me considero artista para nada»

Veintidós años después de su primera visita al Festival de Cine de San Sebastián, Johnny Depp vuelve para presentar ‘Crock of Gold’, la cinta dirigida por Julien Temple sobre el excantante del grupo norilandés The Pogues, Shane MacGowan. La entrevista transcurre en modo Calamaro, es decir, la respuesta a cada cuestión es un largo soliloquio. En el tiempo estipulado, sólo ha lugar a cuatro preguntas. Depp lleva el peso de una charla en la que Temple interviene de forma esporádica, los dos, copa en mano.

– ¿Por qué consideraron importante estar en el Festival de San sebastián a pesar de la pandemia?

– Johnny Depp: Cuando anoche me encontré con una de las personas del Festival en la zona de llegadas del aeropuerto le dije: «Hace tanto que no vengo: diez años». Y ella me respondió: «Veinte», y eso me sorprendió mucho. Me acuerdo mucho de San Sebastián porque era tan distinto a cualquier otro festival del mundo…

– Julien Temple: Es el lugar en donde mejor se come del mundo, pero claro, yo soy americano.

– J. D.: A lo largo de los años ves cómo San Sebastián conserva su promesa inicial de ser un festival de cine y que trata sobre las películas, no de ninguna otra cosa, ni de lo que haces, ni de a dónde vas. Eso no pasa en otros festivales, éste es muy genuino. No trata de a qué fiestas vas o a cuántas . También queríamos mostrar juntos esta película porque estamos muy orgullosos de su protagonista. Es la primera oportunidad que tenemos de mostrarlo al público, vale la pena el riesgo que corremos. Lo que Julian hizo fue lo que muchas personas han intentado mostrar: capturar a Shane y exhibirlo como a una criatura, con todas sus ventajas e inconvenientes. Su mito: lo colocado que estaba siempre o que se estaba quedando sin dientes y se pasaron por alto el fundamento de por qué Shane es Shane. Julian ha sido capaz de enfrentarse al tigre, al leopardo de la nieve que representa Shane. Tienes que entender cómo acercarte a él y a veces puede resultar incluso un poco peligroso.

– J. T: ¡Más peligroso que la covid, a veces!

– La película muestra la presencia del alcohol y las drogas en la vida de MacGowan.

– J. D.: Voy a especular a partir de lo que yo sé: Shane es muy tímido, aunque no sea ésa la primera impresión que da. Habla cuando tiene ganas y no puedes manipularlo, es imposible. Te ve a distancia y se enfrentará a ti, incluso si estás haciendo una película que es una carta de amor. Él manda en toda la película. Es hipersensible, pero desde pequeño ha aprendido a aparentar lo contrario. Es algo que entiendo. Y cuando llega la fama, si eres introvertido te recluyes aún mucho más. Algunos notan los aplausos y piensan que qué bien, pero Shane no es así, está incómodo con eso, igual que lo es para mí. Va en contra de tu manera de ser. La belleza de Shane está en que ha permanecido como una persona totalmente genuina, no quiere ser nadie más que quien ya es y eso para mí es el número uno de la lista de lo que debería ser un auténtico artista. El alcohol y las drogas son como su automedicación.

Medallas y galones

– J. T.: Me parece que a veces también lo utiliza para hacer viajes, porque tomó mucho ácido por distintos motivos, también para expandir su conocimiento. Es ése viaje psíquico que siempre ha estado presente en los poetas irlandeses, forma parte de su linaje.

– J. D.: Se ha ganado sus medallas, sus galones. Para mantener una amistad larga con él también tienes que ganártelos tú y hay momentos, a lo largo de los años, provoca situaciones en que debes hacerlo. Te somete a pruebas a medida que vas avanzando. Durante los primeros años me insultaba constantemente. Hay muy pocas personas que vivan así y es un tema difícil para hacer una película porque el personaje se te va escapando.

– J. T. : Es totalmente impredecible, llegas a quererlo y a odiarlo. Eso para mí es mágico.

– J. D. : Es un personaje que muerde verbalmente. Te echa un escupitajo y te dices: ¿De verdad? ¿Ahora esto? Te va probando, quiere asegurarse de que eres como uno más de su vecindario. Y sí, te irrita. Puede ser muy dulce y también clavarte una aguja y que te preguntes qué has hecho para merecerlo. Si te conoce desde hace muchos años es su vudú. Volé desde Los Ángeles a Copenhague para ir a su boda. Shane me esperaba allí. Llegamos a la iglesia y tras la ceremonia, me miró y me dijo: «Pareces un puto chulo putas». Y yo le dije: «Pues tú estás putamente guapo». Así es él.

– ¿Se identifica Johnny con Shane en la utilización del alcohol como arma contra la timidez?

– J. D. : ¡He aprendido tantas cosas de Shane! (carcajadas) Es interesante que yo haya tenido la misma experiencia con otras personas que han sido muy importantes en mi vida, como Hunter S. Thompson, Brando y otros muchos locos que he tenido la suerte de conocer. Te puedes educar muchísimo ahí y todo depende de hasta qué punto quieres llegar. Sí que recuerdo los inicios: una noche estaba con Shane en Dublín. Habíamos bebido algo y en un momento determinado, le pregunté no se qué y no estoy seguro que no entendió bien. Lo siguiente que hizo fue ponerme un par de pastillas en la mano. Tienes que ganarte los galones, así que me las zampé y eché un trago. Tres días después vi que estaba en una bañera en el sur de Francia. No me acordaba de nada, ni cómo había llegado allí. Miré por la ventana, vi una preciosa fuente y me di cuenta de que no estaba en Dublín, así que le pregunté al primero que pasaba: «¿Dónde estoy?» Tienes que mostrar que eres un verdadero soldado y ganártelo, pero de lo que recuerdo y de lo que no recuerdo, no lamento nada.

Mezclarlo todo

– ¿Cree que puede haber hoy en día en la industria del cine o de la música gente que sea como usted o como Shane?

– J. D.: Yo no me considero artista para nada. No me veo, ni me sitúo a la altura de otras personas a las que admiro tanto, que me han enseñado muchísimo y he aprendido tanto. Igual que en San Sebastián podemos hablar de cine, en Hollywood se habla de películas. Con eso está todo dicho. No soy bueno siguiendo fórmulas, estructuras, límites, guion A que lleva a B y luego a C. Me gusta mezclarlo todo y confundir al público porque ese tipo de películas… No, no vale la pena. Uno intenta hacer todo lo que puede. Cuanto menos dices, más cuentas. Es la ventaja del cine mudo, en el que todo eran gestos, miradas y lenguaje corporal.

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