Ourense, el incendio infinito

La provincia de Ourense gira en un bucle de destrucción. Desde hace más de medio siglo los incendios vuelven cíclicamente sobre sus pasos y arde sobre quemado. En las últimas décadas Galicia es la comunidad autónoma más castigada y Ourense se lleva la palma, según datos publicados por el Gobierno. De las 60.000 hectáreas calcinadas en España en lo que va de año, más de 15.000, un 25%, corresponden a esta provincia. Las llamas de la última semana han asolado 10.000 hectáreas y engullido dos tesoros medioambientales (el Parque Natural del Xurés y el del Invernadoiro). Además, le han metido un buen bocado a la capacidad de resistencia económica del abandonado medio rural.

“La Xunta no es capaz de atajar este problema. Feijóo no puede decir como único argumento que los incendios son intencionados. Es lo mismo que decir que los robos son intencionados y cruzarse de brazos”, afirma Serafín González, presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural y edafólogo del CSIC.

Aunque una parte de los incendios ha tenido que ver tradicionalmente con el uso del fuego como herramienta agrícola y de la ganadería en extensivo (“era una forma de tener pasto”), el especialista apunta a la raíz del problema: “Ourense es la zona de la UE con menor densidad de población y más envejecida; si no se protege, no hay nada que hacer”. González destaca que la estructura social del medio rural se quebró con la emigración iniciada a mediados del siglo XX “y no se ha ofrecido una alternativa de desarrollo sostenible”.

Quienes apuestan por invertir en el entorno rural se topan con el abandono institucional. Lo constata Maribel, una empresaria que con apenas 30 años dejó la gestoría que tenía en Xinzo de Limia para montar una granja de gallinas en su aldea natal, en Cualedro, una de las zonas más afectadas por los fuegos de esta semana. “Queríamos vivir en el pueblo, apegados a nuestras raíces”, dice. Pensaba ampliar la granja o montar otra el próximo año pero ya ha desechado la idea. Sus gallinas se salvaron “porque como el fuego amenazaba las viviendas hubo un despliegue impresionante de medios”. De no haber sido así, lo habría perdido todo. “Tengo 10.000 animales en la granja, tardaría en recuperarme económicamente más de cinco años”.

Maribel desconfía de las ayudas que promete la Xunta. Tras los incendios de 2015, en los que Cualedro fue también uno de los municipios más afectados con 3.150 hectáreas arrasadas (en esta semana ardieron otras 3.000), el presidente, Alberto Núñez Feijóo, firmó un manifiesto prometiendo ayudas. Los afectados afirman que solo recibieron fardos de alpaca.

En aquel manifiesto, Feijóo y el alcalde de Cualedro se comprometían a “mejorar su cooperación para evitar incendios de esa magnitud”. No obstante, los fuegos no dan tregua en el municipio. Los vecinos aseguran que, si ellos no se gastan entre 1.500 y 2.000 euros para limpiar la maleza del entorno de sus granjas o viviendas y adecuarlas al perímetro legal, “nadie lo hace”.

“Parece que quieren acabar con el medio rural”, sentencia Benigno Basteiro, apicultor de reputación nacional que tiene sus más de 3.000 colmenas distribuidas en distintos puntos de la comarca de Viana do Bolo. Basteiro denuncia que, pese al gran despliegue, las brigadas no se implican en la extinción de los fuegos que amenazan a las instalaciones agrícolas. “Nosotros tuvimos en peligro los 300 colmenares que tenemos en Vilariño de Conso, pero la brigada que estaba por allí con tres coches y una autobomba nos dejó solos apagando. Los salvamos nosotros”, dice. La Asociación Galega de Apicultura (AGA) pide a la Xunta que actúe sofocando los fuegos en monte bajo. Los apicultores se quejan de que, lejos de hacerlo, el Gobierno gallego abusa de los cortafuegos “porque queman vegetación arbustiva que frena la erosión y permite el aprovechamiento agrícola”.

Espiral de deterioro

“Lo que arrasan los incendios en la provincia de Ourense es fundamentalmente monte raso”, explica el edafólogo del CSIC para precisar que ello “genera problemas graves de erosión y degradación en una espiral de deterioro constante”. “Van a quedar solo rocas”, lamenta, tras subrayar que los incendios recurrentes en las zonas montañosas con elevadas pendientes y suelos graníticos provocan una erosión muy intensa. “Los suelos son cada vez más secos y menos productivos”.

Ourense es una de las provincias que más incendios registra de España y, según el informe Arde el Mediterráneo, elaborado por la organización ecologista WWF, este es el segundo país de Europa más golpeado por las llamas. “Somos una potencia incendiaria en el mundo”, afirma el representante de Amigos da Terra, Xosé Santos. El último Anuario de Estadística Forestal publicado por el Ministerio de Agricultura, relativo al periodo 2006-2015, recoge además que el 14,24% de los incendios afectó a algún área protegida. Y en esos también destaca la provincia ourensana.

En 2011 se registraron 11 grandes incendios (de más de 500 hectáreas) en estas zonas protegidas en España. Y entre ellos sobresalió el del Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés, Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA), Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad. Entonces arrasó 2.424 hectáreas (el de esta semana, en la misma zona, aniquiló más de 3.000). Junto al del Xurés, destacaron otros en el Macizo Central.

La Xunta insiste en que el problema es la intencionalidad que hay detrás de los incendios. La consejera de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, se ha comprometido a elaborar “de inmediato” un plan de regeneración del Xurés y ha ofrecido la colaboración de los agentes medioambientales de su departamento para trabajar con los de Medio Rural y con las fuerzas de seguridad para esclarecer las causas.

Este jueves, tras cinco días consecutivos de fuegos descontrolados, la lluvia acabó aplacando las llamas. Distintos colectivos han comenzado a pedir la dimisión del director general de Defensa del Monte de la Xunta, Tomás Fernandez-Couto. Hace unos días aseguró que ya “se preveía una fuerte actividad incendiaria” en la segunda semana de septiembre en el Macizo Central. En el cargo desde hace dos décadas, Fernández-Couto ha sobrevivido a siete consejeros de los gobiernos de Manuel Fraga y Alberto Núñez Feijóo.

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