Muguruza cae, pero con los deberes hechos

Muguruza, durante el partido contra Halep en Roma.
Muguruza, durante el partido contra Halep en Roma.CLIVE BRUNSKILL / AFP

No es el fotograma deseado, porque Simona Halep finalmente venció este domingo (6-3, 4-6 y 6-4, tras 2h 18m) y terminó accediendo a la final, pero Garbiñe Muguruza se pudo ir satisfecha del Foro Itálico de Roma porque ya avista París y el objetivo que tenía entre manos está cumplido: llegará a punto para Roland Garros, rodada como quería y con la sensación de estar a un nivel en el que puede aspirar a todo. Cedió la hispanovenezolana en un pulso áspero con la rumana, dura y regular como pocas, pero más allá del marcador se llevó un regusto positivo y de esta forma se contempla de otro modo lo que está por venir.

Nada tiene que ver esta Muguruza con la de los dos cursos anteriores. La llegada de Conchita Martínez a su banquillo ha supuesto un lavado de cara absoluto. Revitalizada, vuelve a tener hambre y pese a la que se le resiste la recompensa en forma de trofeo, de seguir así llegará tarde o temprano. No será en Roma, donde la rumana le cortó el paso en las semifinales, aunque de haber tenido un punto más de batería la historia podía haber sido distinta. Al final, a Garbiñe le faltó aire y no concluyó la remontada que estaba edificando.

Es Halep un dique, jugadora que lo devuelve prácticamente todo. Abrió la rumana a placer el duelo, gobernando con el revés de aquí allá, y lo que parecía una victoria diáfana empezó a torcerse para ella gracias al espíritu insurrecto de Muguruza. Aceptó esta el daño del primer parcial, en el que concedió tres veces el servicio, y puso el contador a cero cuando encajó otros dos en el segundo con sendas dobles faltas. Tomó la iniciativa y encadenó cuatro juegos consecutivos para nivelar, y tampoco volvió la cara cuando Halep dibujó un abismo en el definitivo.

Brazada a brazada, la 17ª del mundo, que tuvo que se atendida y jugó las dos últimas mangas con un vendaje en el muslo izquierdo, recortó del 5-1 al 5-4 y deshizo esa sensación de control de la rival. Propuso desorden, cogió el cuchillo en los restos y limó hasta que quedarse a prácticamente un palmo de conseguir el pase a la final. Lo impidió finalmente Halep, más entera, más certera. Le faltó un punto de claridad a Muguruza y esas ocho dobles faltas acabaron definitivamente con sus opciones. En cualquier caso, no se va con las manos vacías de Roma. Ni mucho menos.

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