La seducción más difícil de Zidane

Zidane da instrucciones a Marcelo, Casemiro y Modric la pasada temporada contra el Eibar.
Zidane da instrucciones a Marcelo, Casemiro y Modric la pasada temporada contra el Eibar.SUSANA VERA / Reuters

No hay título que ilusione más a Zidane que la Liga y no hay torneo que le cueste más a su vieja guardia en el vestuario que precisamente la Liga. Una circunstancia compleja que el entrenador francés resolvió la temporada pasada con su afamada mano izquierda. Tras dos cursos sin ninguna opción, rendida la plantilla ya en Navidades, consiguió que el equipo volviera primero a competir y luego a ganar el campeonato. Ahora, apenas ocho semanas después de festejar en el desierto de Valdebebas, debe echar mano de nuevo de toda su capacidad de seducción, que no es poca, para volver a dirigir a ese grupo en los engorrosos compromisos de cada fin de semana, sin el confeti europeo que tanto les coronó y que últimamente tan lejos les ha quedado. La primera parada, este domingo en Anoeta ante la Real Sociedad (21.00, Movistar LaLiga).

Dispone el galo de una camada de jóvenes, el último el repescado Odegaard, a los que dar carrete para allanar una transición lo más tranquila y natural posible, pero con un técnico siempre tan cuidadoso con las jerarquías y en un verano sin fichajes, al menos de momento, cuesta trabajo imaginar al conjunto blanco levantando un nuevo trofeo sin el rendimiento óptimo de los veteranos. Una generación de éxito en Europa y, al mismo tiempo, a rebufo a menudo del Barcelona en las citas caseras, una circunstancia que solo se explica por su talento para los esfuerzos cortos y especiales, y su frecuente agotamiento en los largos y rutinarios.

Este vestuario tiene las mismas dificultades con la Liga que el Madrid en los últimos 30 años: solo una vez ganó dos seguidas

Estas dificultades con la Liga vienen, en realidad, de muy atrás. Desde que el Real Madrid alzó la séptima orejona, hace 23 años, ha ganado tantas Champions como torneos domésticos: siete. A veces, incluso, el problema fue competir, porque en la mitad (ocho) de los cursos en los que no salió campeón (16) acabó a nueve puntos o más del líder. Y en los dos anteriores al éxito de la coronaliga tocó fondo: terminó a 17 (todavía con Cristiano) y 19 puntos, respectivamente. En todo ese periodo, el Barcelona ha conseguido 12 laureles y, en las tres últimas décadas, solo una vez los blancos enlazaron dos títulos consecutivos (2006/07 y 2007/08).

En este contexto que excede lo puramente futbolístico y alcanza lo mental, Zidane encuentra una noticia alentadora y otra inquietante. Él ha sido el único técnico de los últimos años capaz de sonreír en la Liga con el grupo actual de futbolistas (ha ganado dos en tres campañas completas, cinco en total), algo que no consiguieron Ancelotti (dos cursos completos), Benítez (relevado por Zizou en la jornada 18 de la 2015/16, a cuatro puntos del líder Atlético), Lopetegui (cesado en la jornada 10 de la 18/19, a siete puntos del Barça) ni Solari (despedido en la 27 de ese mismo año, a 12 puntos de los azulgrana). El dato preocupante para sus intereses es que él también sufrió la desconexión de ese equipo en su anterior etapa en el banquillo de Chamartín.

El valor de un menú del día

Tras ganar la Liga y la Champions en 2017, el Madrid pasó en apenas unas semanas de aspirar a un largo reinado en todos los territorios a quedarse a 14 puntos de los azulgrana en casa antes de acabar la primera vuelta. Este hundimiento doméstico en la 2017/18 no fue una novedad: ya le ocurrió cinco años antes con Mourinho, tras adjudicarse su anterior título liguero, en la 2011/12. Ha levantado pocas Ligas esta década (3), y en general en las tres últimas décadas, y las ha defendido mal.

Zidane es el único entrenador reciente que ha levantado una Liga con estos veteranos, pero también sufrió su desconexión

Al Madrid, pues, no le va a quedar otro remedio que luchar contra su inercia reciente a la hora de gestionar las resacas caseras. Y para ese reto cuenta con un arma que no todos disponen sin haber gastado un duro: una batería de jóvenes con los que airear la habitación, alimentar la competencia e ir preparando el futuro inmediato. Ya intentó una operación similar en la 2017/18, también después de levantar la Liga anterior y con Zidane al mando, pero las incorporaciones de Theo, Ceballos, Mayoral, Vallejo, Marcos Llorente o Achraf resultaron en balde. No parece que ahora, con Vinicius, Rodrygo, Jovic, Valverde o Militão, ninguno un completo novato en el club, la situación sea la misma. Varios de ellos, por ejemplo, ya fueron importantes en el último título. Odegaard es el último en sumarse después de su gran despliegue con la Real Sociedad.

De cómo maneje Zidane a este batallón de muchachos dependerá la frescura del equipo en un trayecto tan largo. Y también de Hazard, la gran apuesta económica para el ataque —160 millones según los medios belgas, 60 más que la cifra ofrecida el pasado verano— que sigue sin estar a punto (no viaja a San Sebastián).

Zizou, que ya se libró de James y Bale (este sábado se hizo oficial su cesión por un año al Tottenham), se enfrenta a la misión de volver a persuadir a los veteranos mientras impulsa a los jóvenes apelando al espíritu colectivo que tan bien le fue el curso anterior. Él, que como jugador casi siempre se distinguió por su lucimiento en los grandes banquetes, les advierte ahora por encima de todo a los suyos del valor de un buen menú del día. “Si nos entrenamos bien, si queremos, si jugamos como equipo, igual que tras el confinamiento, tendremos oportunidades de ganar cosas”, señaló este sábado.

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