El dolor de las madres de ‘Patria’

‘Patria’ no ha dejado indiferente a nadie. La serie. La novela. Da igual. La fidelidad con la que Aitor Gabilondo plasma sobre la pantalla la narración de Fernando Aramburu es clara. Lo decían los primeros espectadores que este sábado tuvieron la paciencia de verse los ocho capítulos de la serie del tirón. Ya lo avisaban los miles de lectores de la novela.

Y lo dijeron también sus dos protagonistas. Miren y Bittori. O al menos las dos actrices que las encarnan. «Te remueve muchas cosas», confesaba la actriz donostiarra Ane Gabarain, Miren en ‘Patria’, a los periodistas que acudieron a la rueda de prensa. «Hay muchas regresiones a cosas vividas. Una escena de un autobús quemándose que te trae a la memoria viejos recuerdos». «La experiencia ha sido muy enriquecedora, porque es algo que has vivido pero en lo que nunca te has mojado. No dejan de ser 40 años resumidos en unas cuantas escenas», añadió su compañera y coprotagonista, Elena Irureta, que encarna a Bittori.

Lo dijo Aramburu en su momento, y este sábado respondiendo a un periodista Gabilondo coincidió con él: «Podría haberse llamado ‘Matria’ perfectamente». Y es que toda la historia gira en torno a ellas, al dolor de dos madres que ambas actrices vascas encarnan a la perfección. Acostumbradas a otros registros más cómicos y livianos, ambas coinciden en que «ha sido una oportunidad maravillosa y un regalo tremendo». «Inmediatamente cuando leí la historia pensé en ellas», reconocía Gabilondo, «solo quedaba que dijeran que sí y lo hicieron».

«Es cierto que lo que cuenta ‘Patria’ es cercano, lo sentimos familiar y siempre ayuda si lo llevas dentro de ti», reflexionaba Gabarain. Aun así, la actriz reconocía que su mayor temor era que su personaje «fuera llevado al estereotipo y no dotarlo de humanidad». «Es en lo que obsesivamente estuve trabajando: que fuera un personaje persona. Que se entendieran su amargura, tu torpeza muchas veces y las cosas que hacía», compartía la actriz donostiarra.

La pugna de Irureta con su personaje era bien distinta: «Quería plasmar bien el salto que ella da con la edad, de estar encerrada en sí misma y deprimida, a querer que le pidan perdón para marcharse en paz».

Ambas agradecían la labor de todo el equipo que les había dejado «todo el trabajo hecho. La caracterización, el ambiente, todo estaba hecho. Solo hemos tenido que meternos en la historia», agradecía Elena Irureta. «Eso sí», remataba su compañera, «hemos trabajado con dolor, las tripas y el corazón». «Dándolo todo», zanjaba la actriz de Zumaia.

«Venían ya construidas de casa, no queríamos crear los personajes desde cero. Ellas tienen ese deje vas al hablar y ese característico cariño áspero cuando se dirigen a cualquier cosa, ya sea a un gato o a San Ignacio».

La historia de amor con las actrices principales se repitió con el resto del elenco, vasco al completo. «Para mí es el mayor valor de este proyecto. Muchos vienen de la comedia cosa que son su manera de hablar tan natural a mí me ayudaba a rebajar la solemnidad y pretenciosidad que de por sí tiene la historia».

Fue uno de los elementos clave que le ayudó a disipar las dudas que tenía entorno a los monólogos de Bittori y Miren. La primera con la tumba de su difunto marido, la segunda con San Ignacio de Loyola, que se repiten a lo largo de los ocho capítulos. «Dudaba cómo va a quedar esto con estas dos señoras hablando solas que son muy de la tierra, y tan cerradas. Pero al final ha quedado natural».

Hablar solas para sobrevivir

A pesar de las diferencias entre ambos personajes, las dos actrices guipuzcoanas encontraban una similitud entre Miren y Bittori que saltaba a la vista: «Las dos hablan solas y lo hacen por pura supervivencia. Por no ir al psicólogo».

El inicio del festival ha estado marcado por la propia ciudad donde se celebra. San Sebastián ha sido la protagonista de las primeras proyecciones. ‘Patria’ y ‘Rifkin’s Festival’ no hablan de la misma ciudad, aunque sí en el mismo punto geográfico. ¿Podría ‘Patria’ tener un objetivo tan ambicioso como el que tiene uno de los personajes secundarios de la película de Woody Allen que pretende solucionar el conflicto en Israel con su producción?

«Ojalá», decía Gabilondo extrañado ante la pregunta del periodista. «No solo a raíz de esta serie, pero siempre he estado convencido de que contar historias es sanador. Nos obliga a ver las cosas desde puntos de vista diferentes y entender todas las partes. Y eso es más necesario que nunca», expresaba el guionista.

«Aun así, es una ambición desmedida. Sí consiguiera cambiar y ampliar la capacidad de diálogo ya sería un éxito». El donostiarra afincado en Madrid también habló de los años de silencio que calificó «de dolor» y «no de amnesia». «Había un pacto de convivencia entre vecinos. Yo no voy a criticar a esta sociedad. Ahora ya se puede empezar a hablar y empezar a matizar las historias sin que te califiquen de una cosa u otra». «Lo importante es poder hablar, no tener razón», quiso volver a dejar claro.

«Cuando salimos del pase del viernes», contaba Irureta, «una mujer se me acercó y me dijo que deberían poner la serie en los colegios. Yo no sé si es adecuada o no para las aulas, pero sí sé que muestra una historia desde distintos puntos de vista».

«Es una historia de ficción sobre cosas reales. Si consigue abrir debate y compartir opiniones ya será mucho para una serie. Esperemos que haya más historias», lanzaba su director.

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