El buggy, el insecto que surgió de las dunas

El buggy nacerá en California, en sus playas y desiertos vecinos, un marco que se presta perfectamente a sus evoluciones. Buggy quiere decir «boghei», esos antiguos coches de caballos sin capota, de cuatro grandes ruedas y muy largos varales. Pero también puede ser tomado como diminutivo de «bug», chinche, insecto. Así un Dune Buggy es un insecto de las dunas, una traducción que concuerda a la perfección con su espíritu.

Esta historia arranca a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del pasado siglo, cuando un ingeniero americano descubre la diversión que le produce un nuevo juego: pilotar sobre la arena un viejo coche equipado de llantas sobredimensionadas. Lógicamente su idea fue enseguida copiada y muchos de estos vehículos, más o menos transformados, empezaron a rodar sobre las arenas del desierto pero con el hándicap de ser muy pesados.

Algunos años más tarde el buggy tomará su verdadero impulso gracias a un hombre llamado Bruce F. Meyers, especializado en carrocerías de plástico.

Certificado de la patente de Meyers
Certificado de la patente de Meyers

La idea de Meyers

Este americano que tenía experiencia como constructor de cascos náuticos de fibra, decide un día vender su Volkswagen Escarabajo para comprar un Porsche de ocasión. Y, cuando ha cerrado la operación, se encuentra con una desagradable sorpresa: la carrocería está gravemente afectada por el óxido. Para salir del embrollo, opta por construir un coche con estructura tubular vestida con una carrocería en Fiberglass o fibra de vidrio, y movido por una mecánica Volkswagen. Una vez terminado, el vehículo, se lo muestra a sus amigos. El resultado gusta mucho pues sus líneas rompen totalmente con lo que se hacía entonces: carrocerías angulosas realizadas en la mayoría de los casos en chapa.

Animado por su entorno, Meyers pone en venta su producto, bajo la forma de kit para que pueda montar cada propietario en su garaje, por un precio de 985 dólares. Y la idea tiene mucho éxito y pronto surgen imitadores. El Meyers Manx había nacido pero su creador no se conforma y da un nuevo paso, que será definitivo: el Manx MKII. Ya no es un monocasco completo sino una carrocería que se puede atornillar sobre la plataforma-chasis recortada de los Volkswagen. Meyers vende su buggy, bien montado o en kit. Pero como la marca alemana no podía suministrar las plataformas, era necesario recurrir a coches de ocasión.

Elvis Presley al volante de un Meyers Manx
Elvis Presley al volante de un Meyers Manx

La elección como base del VW Escarabajo se entiende en la medida en cuanto que era el único automóvil de pequeñas dimensiones en el mercado estadounidense. Y con un número muy alto de unidades. Importado desde 1949, en el año 1964 había más de millón y medio de Volkswagen matriculados en los Estados Unidos y tres millones en 1967. Y la cifra no dejaba de crecer.

Y los más antiguos tenían, en bastantes casos, su carrocería en no muy buen estado pero tanto su motor (robusto, sencillo y refrigerado por aire), como la plataforma que se conservaba en buenas condiciones, eran la base perfecta para que la carrocería de Manx les diera una nueva y divertida vida.

Jimmy Hendrix
Jimmy Hendrix

Pero esto será solo el inicio. La idea de Meyers crea toda una nueva corriente y una nueva industria. El buggy se pone de moda, una moda a la que no se resisten las grandes celebridades del show business, como los cantantes Elvis Presley, Jimi Hendrix, o los actores James Gardner y Steve McQueen. Precisamente estos dos últimos llevan su pasión más allá de imágenes playeras y participan en competiciones por el desierto con versiones especiales del Meyer Mans, equipadas con motores Porsche.

No son los únicos famosos que en esos primeros años se lanzan a correr con buggys en este tipo de carreras como La Baja, Mexican 1000, Mindt 400 (esta última en un terreno de tiro de la US Air Force en Las Vegas) o la legendaria carrera en cuesta de Pikes Peak. Así nos encontramos a sus volantes nombres de reconocidos pilotos como los hermanos Al y Bobby Unser, Parnelli Jones, Scooter Patrick o Mckey Thompson. El propio Bruce Meyers participa al volante de sus buggys especiales «Tow´d»: por cierto, que sufrirá un muy grave accidente con uno de ellos en la edición de 1969 de la Mindt 400.

En España

A España también llego la moda del buggy. Indudablemente en nuestro país aún con una difusión mucho menor del automóvil (hablamos de finales los años sesenta) su desarrollo no podía ser igual. Pero también hubo entusiastas de la idea. Así podemos citar el Scarabo, nacido en Alcalá de Henares (Madrid) de la mano de David Sutclife. Su precio eran 143.000 pesetas de la época a lo que había que sumar la entrega de un VW Escarabajo para utilizar su mecánica y chasis. Ambas condiciones le hacían muy exclusivo pero aun así se construyeron cerca de centenar y medio de unidades, que no está nada mal. En esta misma línea hubo una empresa en Navarra, llamada Jaba.

Steve McQueen y Faye Dunaway
Steve McQueen y Faye Dunaway

Claro, pero si el VW Escarabajo estaba poco extendido por España (salvo en las Islas Canarias) nuestro coche popular era el Seat 600. Y utilizando su mecánica y autobastidores hubo empresas como Diversport que hizo su propio buggy, al que llamaron Drac. Tenía un precio de 131.000 pesetas pero también se podía buscar una fórmula más barata pues por poco más de 30.000 pesetas comprabas a Diversport el kit y hacías tu propia transformación. En cualquier caso en esa España a caballo de los sesenta y setenta, tener un buggy era poco accesible para la mayoría de los aficionados

El buggy, la creación de Bruce Meyers, no fue una moda pasajera, sino un concepto de automóvil que llegó para quedarse y que ha ido desarrollándose a lo largo de las décadas tanto en versiones de uso lúdico como en competición: recuerden sino quien ha sido el ganador del Dakar 2020, un Buggy Mini pilotado por Carlos Sainz. Pero eso ya es otra historia.

El caso Thomas Crown

En la película «El caso Thomas Crown» (The Thomas Crown Affair) rodada el año 1968 dirigida y producida por Norman Jewison y protagonizada por Steve McQueen y Faye Dunaway, las escenas de estos dos últimos por las dunas en un buggy, tendrán un papel, nunca mejor dicho, clave en la difusión de este concepto de coche por todo el mundo.

En la génesis de aquel buggy, como no podía ser de otra forma, intervino directamente el propio McQueen. Basado en un original Meyers Manx de 1967, fue desarrollado especialmente para esta película por una empresa llamada Con-Ferr Products, de Burbank, California. McQueen había conocido a Pete Condos (cofundador de Con-Ferr Products) en las carreras off-road . Condos era también copropietario de The National Off-Road Racing Association (NORRA) entidad organizadora de pruebas de desierto en Las Vegas y en Baja California.

McQueen le encargó a Con-Ferr que hiciera que el buggy fuera único, con una estética particular y más divertido de conducir. Así se hizo una carrocería más envolvente, integraron los faros en el capó, se incorporó un parabrisas bajo estilo Porsche Speedster que se extendía hasta los laterales, y el típico motor de cuatro cilindros de VW dejó paso a un más potente seis cilindros (también refrigerado por aire) proveniente del Chevrolet Corvair .

La popularidad de la película hizo que una empresa llamada Universal Fiberglass, de Scarborough (Ontario) fabricara copias del mismo. Por su parte el original fue vendido por United Artists a Jimmy Pflueger, un distribuidor de los kits de Meyers Mans en Haway, que le quitó el motor y le puso uno de competición realizado a partir de un cuatro cilindros flat VW. El tercer dueño se llamaba Mike Sheehan, un amigo de Pflueger, que lo conserva hasta finales de los años noventa cuando lo cambia, por un Mini Cooper S de 1966, a un nuevo propietario que le guarda con la idea de restaurar.

Con motivo del cincuenta aniversario de la película, el buggy de The King of Cool volvió a la luz. Antes de que Jimmy Pflueger falleciera en 2017, ayudó a aclarar puntos relacionados con la trayectoria del coche. Y Pete Condos también participó, junto con mecánicos que trabajaron en el automóvil tanto en Hawai como en el sur de California, para certificar su originalidad. Incluso el inventor de los Manx, Bruce Meyers, revisó el automóvil para ayudar a confirmar su ADN como el utilizado en la película.

En la actualidad ha recuperado el estado que tenía durante el rodaje del Caso Thomas Crown, pues si bien había sufrido bastantes cambios en todos estos años, salvo el motor que se vendió, todas las piezas originales -como el salpicadero o el depósito de gasolina- se conservaron junto al coche.

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