¡Hala, Dina!

Hay preguntas que llevan al debate apasionado. ¿Crees que el virus se ha fabricado y soltado adrede? ¿Prefieres a la virgen del Rocío de reina o de pastora? ¿Te parece que los chuzos de punta sobre Pablo Iglesias son cosa de Pedro Sánchez? Sobre esto, me inclino por la mano de Sánchez como Cosa de ‘La familia Addams’. De todo lo que le podía caer encima al vicepresidente, el tangencial y anodino ‘caso Dina’ es lo que más daño parece hacerle. Su condición de perjudicado es lo de menos. Hay asuntos extrajudiciales más sabrosos. Como ese ramalazo que le ha igualado a Arias Cañete. Ser lo mismo que Cañete, cielos. Las explicaciones de uno y otro son las mismas. Por un lado, pretender proteger (eso dice) a Dina Bousselham quedándote su tarjeta con ‘guarreridas’ marroquíes. Por otro, las palabras de Cañete tras el debate con Elena Valenciano: «Si haces un abuso de superioridad intelectual, parece que eres un machista y estás acorralando a una mujer indefensa».

Según el atildado Gay Talese, la llegada de las mujeres a la prensa y otras posiciones de poder han convertido los escándalos sexuales en noticia. Los jefazos, o Kennedy, tenían líos sexuales pero a nadie se le ocurría escribir sobre ello. La entrada de la mujer al mundo laboral ha redefinido lo que era noticia.

De lo que es verdad no se ocupa Iglesias. En su enfrentamiento con Aznar en la comisión parlamentaria sobre financiación ilegal del PP, Iglesias le preguntó si conocía las «escuchas del ‘caso Naseiro’». «¿Me dice usted que si yo conocía las escuchas?». «Escuchas no, he dicho el ‘caso Naseiro’». E insistió en que no lo había dicho. Si es capaz de mentir sobre algo que acaba de soltar y todos han escuchado, imaginen del resto.

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