El Valladolid se salva con un gol de casualidad

Lucas Pérez ( intenta controlar el balón durante el partido entre el Valladolid y el Alavés disputado este sábado en el estadio José Zorrilla. EFE/ R. García
Lucas Pérez ( intenta controlar el balón durante el partido entre el Valladolid y el Alavés disputado este sábado en el estadio José Zorrilla. EFE/ R. GarcíaR. García / EFE

A veces se producen sucesos extraordinarios, pero si alguien esperaba alguno en Pucela, enseguida perdió cualquier esperanza. No fue el caso, porque ganó el Valladolid, pero fue de casualidad, aunque eso le elimina los problemas y le traspasa la tembladera al Alavés. En Zorrilla no se produjeron hechos relevantes, ni nadie los esperaba. Ni a uno ni a otro les convenía que lo que estaban perpetrando sobre el césped se convirtiera en una fiesta del fútbol, en un canto al deporte. Era mejor para los dos equipos que la situación no se desmandara, que el trote se convirtiera en galope, que el tamborileo monótono se transformara en batucada carnavalera. El Alavés prefería no despertar al cocodrilo del Pisuerga y el Valladolid estaba a gusto con la siesta vitoriana.

Mientras caía el sol castellano en Pucela y se tostaban los futbolistas, vuelta y vuelta, sobre el césped, el futbol no aparecía por ningún lado. El balón, como tiene forma esférica, atendía las leyes físicas y rodaba sobre la superficie lisa, así que pasaba de pie a pie, de un equipo a otro, sin más criterio. De vez en cuando volaba, si el golpeo lo propiciaba, y ascendía hacia el aire cálido hasta que la ley de la gravedad lo hacía bajar. Los bolígrafos de los periodistas, como si no tuvieran tinta, dejaban la libreta en blanco, aunque sí tenían y estaban deseando dedicarse a lo suyo, que es escribir, pero no encontraban ocasión salvo cuando a alguno de los entrenadores se le ocurría hacer algún cambio.

Ese ardor guerrero que se les supone a los futbolistas, como el valor a los soldados de reemplazo cuando había mili, no apareció por ningún lugar, como si unos y otros temieran despertar la ambición del rival. Ni una sola acción destacada en la primera mitad. Los guardametas sacaban de puerta, pero no tenían necesidad de ejercer su oficio, porque los delanteros tampoco practicaban el suyo. En la segunda parte, sólo un remate de cabeza de Unal, recién ingresado, tal vez sin contagiarse todavía de la dinámica general, animó el cotarro.

Pero una cosa es la desgana y otra, muy diferente, desaprovechar las ocasiones regaladas, y Joaquín no lo hizo, en el minuto 86, cuando, por casualidad, le cayó la pelota al pie después de una falta mal sacada por su equipo. Disparó con su pierna mala y marcó el gol que salva de cualquier problema a su equipo y mete en un lío muy gordo al Alavés.

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