Las lechugas no crecen en las tiendas

Millena es un pequeño pueblo entre montañas en la la comarca del Comptat, al norte de Alicante. Según el último censo tiene 229 habitantes, que estos días serían más si no estuviéramos en lo que estamos, pero dada la situación son bastantes menos. Como en los días crudos de invierno, los fijos de siempre, y bajando.

En Millena no hay tiendas. Tampoco en Gorga ni en Balones, que están a dos kilómetros. Sus escasos vecinos han de ir hasta Cocentaina, a unos 10 o 12 kilómetros de repechos y curvas, para poder comprar lo necesario, aquello que no producen ellos, que es casi todo menos el aceite (buenísimo), las almendras (si no se hielan), frutales dispersos y las pocas hortalizas de temporada que algunos cultivan en pequeñas huertas cercanas.

Son huertas que se repiten en casi todos los pueblos y que en muchos sitios revisten características casi heróicas, porque a veces se tienen que regar llevando garrafas de agua. Un trabajo adicional que aporta sin duda la satisfacción de comer lo que uno mismo cultiva y que en estos casos representa además un abastecimiento próximo y asegurado, porque siempre es mejor, más rápido y más económico acudir a por las verduras del huerto propio que tener que desplazarse hasta el supermercado lejano. Además, ni siquiera tienen todos coche.

Aquellos niños que creían que la comida nacía en los estantes han llegado a mayores sin saber la verdad

Sin embargo muchos ayuntamientos están impidiendo que los propietarios de estos huertos acudan a recoger las lechugas o las alcachofas que cultivan. Ni siquiera en sitios como Millena valen argumentos lógicos y humanitarios. Les dicen que se queden en casa, y que se abastezcan de las tiendas lejanas. Los agentes policiales les indican, cuando les ‘pillan’ con una cesta de habas tiernas y escarolas, que no pueden ir al campo, que si repiten les sancionarán; y si discuten el oprobio, les explican que tal actividad no está permitida.

No es cierto, las actividades agroalimentarias están declaradas como ‘esenciales’, y no hay nada más esencial que buscarse uno el sustento con sus manos. Ni siquiera es obligado tener dinero para poder ir a comprar. Y desde luego es absurdo que se vea legal ir a una tienda a 20 kilómetros e ilegal acercarse en solitario al huerto. Más aún, permiten que se acuda a dar de comer a los animales, para que no se mueran, pero sin traer de vuelta unas acelgas. Llevarles pienso a las gallinas está bien, pero cuidado con regresar con unos huevos.

El problema debe ser que aquellos niños que empezaron creyendo que las lechugas o los tomates nacían y crecían en los supermercados han llegado a mayores, son concejales, directores generales o expertos asesores y nadie se ha ocupado de explicarles la verdad.

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