China homenajea a los muertos por coronavirus y se prepara para volver a la normalidad

A las 10 de la mañana de hoy, China ha hecho una pausa de tres minutos para recordar a las 3.326 víctimas mortales del coronavirus. Con todas las banderas del país a media asta, el transporte público ha parado en seco y la población ha abandonado sus quehaceres con gesto sombrío mientras las sirenas antiaéreas han llenado el silencio con un atronador aullido de dolor. Algunos vehículos se han sumado al estruendo con sus cláxones, e incluso los convoyes del metro, parados en las estaciones, han hecho sonar sus bocinas. En el interior de los vagones, muchos pasajeros se han levantado de los asientos y han recordado a los muertos en la pandemia del COVID-19 con la cabeza gacha.

«Leí ayer que el país había declarado un día de luto oficial y creo que es muy buena idea que honremos a quienes han fallecido por el virus. Mi recuerdo va tanto por los ciudadanos chinos como por los que están sufriendo en el resto del mundo», comenta a este diario Pang Liaofei, una joven de Shanghái que ha guardado silencio en la estación de Hongkou. A otros, en la calle, el estruendo les ha cogido por sorpresa. «La verdad es que no sabía qué estaba sucediendo. Al principio he pensado que se trataba del simulacro anual, pero luego me han explicado lo que sucedía y he decidido quedarme de pie en la acera», cuenta Xu Ming, un hombre de 63 años que paseaba por el parque de Lu Xun.

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En Pekín, la plana mayor del Partido Comunista también ha rendido homenaje a las víctimas en el complejo gubernamental de Zhongnanhai. El presidente Xi Jinping, ataviado con traje oscuro y con un crisantemo blanco prendido en la solapa, ha guardado silencio cabizbajo acompañado por dirigentes como el primer ministro, Li Keqiang. Por su parte, en Wuhan, epicentro de la pandemia, decenas de autoridades y sanitarios han hecho una reverencia frente a una fila de coronas de flores en el centro de la capital de Hubei.

Las ceremonias coinciden con el primer día de la celebración del festival de Qingming, equivalente a Todos los Santos, en el que la tradición manda que se visiten las tumbas de los muertos. La mayoría limpia lápidas y nichos y, aunque el país es ateo y lucha contra la superstición, los familiares queman dinero y objetos que servirán a sus seres queridos en el más allá. En esta ocasión, sin embargo, los ciudadanos de Wuhan no podrán hacerlo y en el resto del país solo se permitirá el acceso a los cementerios previo registro y con aforo limitado. Los actos en los que se congreguen multitudes permanecen prohibidos para evitar una segunda ola de contagios.

Hoy también han quedado canceladas todas las actividades de ocio y tanto los medios de comunicación como las aplicaciones para móviles de China se han publicado en blanco y negro. Programas tan populares como los de las plataformas Alipay y Taobao, además, incluyen fotografías de velas encendidas para conmemorar a los fallecidos. No obstante, muchos consideran que el acto de hoy se puede entender también como un punto de inflexión que marca el inicio del retorno a la normalidad. «Wuhan reabrirá la semana que viene y la mayoría de las empresas ya están produciendo. Creo que podemos decir que China ha vencido al virus y que hoy es el primer día de una nueva etapa», comenta esperanzada Xiao Lu, cajera de un pequeño restaurante que aún está muy lejos de servir a tanta gente como antes de la epidemia.

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