Bendita extranjería

La ONG del chef José Andrés acaba de aterrizar en Valencia para ayudar a quienes no tienen recursos con los que enfrentar la pandemia. De ésos que no pudieron llenar el carro hasta los topes cuando todo esto empezó sencillamente porque no tenían dinero para tanto. Lo sé porque conozco a una familia en esa situación, en paro y con dos niños, que me preguntaban a mediados de marzo cómo comprar si llegaban al súper y no quedaba de nada, y qué hacer si no les llegaba para una gran compra semanal, como recomendaban las autoridades, porque solo tenían lo justo para adquirir lo de dos días.

Ayer la angustia cedió ante el agradecimiento infinito a José Andrés y sus ángeles locales; en Valencia, el Banco de Alimentos, Makro, el panadero Jesús Machí y el cocinero German Carrizo y su equipo. La alegría de saber que ya iban a tener solución, sobre todo para el más pequeño, de apenas dos años, les cambió la cara. Y mientras me lo contaban, aliviados, yo pensaba en que José Andrés era un español en Estados Unidos y su colaborador en Valencia era argentino afincado en Russafa. Esto es extranjería, me dije. Un nacido en España ayudando a los más débiles en Estados Unidos y en catástrofes humanitarias, y un nacido en Argentina, dando de comer a los más necesitados en Valencia. Después de algo así, aún me enervan más si cabe los discursos xenófobos que ven en el que viene de fuera un problema, un peligro y una fuente de pérdidas. Bendita extranjería.

La familia a la que ayudaron también llegó de fuera pero sus miembros han cuidado de nuestros ancianos como si fueran sus padres. Esos mismos ancianos dolientes del coronavirus. Y después de un trabajo durísimo y entregado aún se encontraban en el metro o en la calle a personas que se permitían mirarles por encima del hombro como si el origen nos hiciera semidioses a los de aquí frente a los de allí. Me lo contaban y me hervía la sangre. Hoy son los de allí quienes nos ayudan, nos salvan o nos recuerdan valores que hemos perdido en el camino a la riqueza y el bienestar: la responsabilidad con los conciudadanos, la acogida sin preguntas, la devolución del favor recibido, el agradecimiento a quienes echaron una mano en los malos momentos. Hoy, José Andres, Jesús, German y el Banco de Alimentos están rompiendo las fronteras que tan artificiosamente creamos en la Europa unida y encerrada en sí misma. Y estoy segura de que se unirán más. Hoy me alegro de que vengan, de que estén, de que les vaya bonito en nuestro país y en mi barrio. De que hagan este mundo un lugar mucho más digno.

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