Alfredo, qué bueno que viniste

A principios de abril de abril de 1970 se confirmó la operación. Alfredo di Stéfano se vinculaba con el Valencia como entrenador para el siguiente ejercicio. Se han cumplido 50 años de un hecho trascendental para el club de Mestalla. Aquella apuesta, ejecutada por Julio de Miguel, Vicente Peris y José Ramos Costa, supuso un punto de inflexión para la trayectoria de la entidad y para la incipiente carrera del técnico. Ambos salieron beneficiados de un acuerdo que les cambió la vida. El Valencia experimentó un salto considerable hasta convertirse en el equipo de moda y Di Stéfano encontró el trampolín adecuado para convertirse en el número uno, esta vez de los banquillos del fútbol español.

La noticia, publicada en un rotativo madrileño a finales de marzo, fue desmentida al principio, aunque se confirmó días después con luz y taquígrafos cuando se escenificó la firma del contrato en el Hotel Palace de la capital. Para los anales quedó la anécdota de la coincidencia en un restaurante de Madrid. Los dirigentes valencianistas obsequiaron con una botella de champaña a Di Stéfano y su esposa. Fue el principio del idilio. Días después, ante la insistencia de los rumores y para no ocultar la evidencia, en el descanso del partido de Copa entre el Mestalla y el San Andrés jugado en el, por entonces Luis Casanova, la noche del miércoles 1 de abril, se improvisó una comparecencia y el presidente en persona confirmó el fichaje. Tres días después, en el mismo escenario se convocó una rueda de prensa bien entrada la noche. Eran otros tiempos. No había casi televisión. La radio disponía de horarios más rígidos y los periódicos se elaboraban de madrugada.

La ficha anual del técnico era de dos millones de pesetas, 12.000 euros en la actualidad. Una de las cláusulas, de enorme relevancia, concedía al técnico plenos poderes para renovar la plantilla y supervisar las altas y las bajas. De esa manera, y con tiempo por delante, Di Stéfano se aplicó en la renovación profunda del equipo. Su compromiso era por una temporada. La carrera del hispano argentino en los banquillos había sido corta pero intensa. Con el Elche, en la temporada 66-67, cayó ante el Valencia en las semifinales de Copa. En Argentina, al frente de Boca Juniors, se había proclamado campeón en el ejercicio 68-69.

Los inicios de su etapa en Valencia no fueron sencillos. La noticia cayó como una bomba en el banquillo valencianista que ocupaba el tándem formado por Salvador Artigas y Enrique Buqué en un momento crucial de la temporada, cuando se peleaba en las jornadas finales de la Liga 69-70 por lograr una plaza para Europa. Ambos confiaban en que su buena labor, habían relevado a Joseíto en los compases iniciales del ejercicio y había logrado remontar el vuelo de un equipo que arrancó con muchos problemas, les iba a permitir ganarse la continuidad en el cargo. Pero en los despachos del club se asumió la conveniencia de un cambio radical de rumbo, se optó por una ruptura con el pasado y por iniciar un nuevo ciclo. El tiempo les dio la razón.

Buqué había dejado la dirección del Mestalla para hacerse cargo del primer equipo mientras que Artigas había llegado tras entrenar al Barça y formar parte del triunvirato que dirigió a la selección española de forma provisional. La semana que trascendió la noticia del fichaje de Di Stéfano el Valencia preparaba el compromiso ante el Deportivo de La Coruña. Los gallegos, penúltimos, llevaban camino del descenso. Antes del partido, Buqué habló para la prensa y no ocultó su malestar y decepción al saber que no iba a renovar cuando finalizara la campaña. El Valencia, contra pronóstico, perdió en Mestalla por 0-1. Una derrota inesperada en un pésimo partido. Algunas voces señalaron a la desestabilización producida por la noticia del relevo en el banquillo como la causa de aquella decepcionante actuación.

Sin embargo, una semana después, los valencianistas vencieron al Pontevedra en Pasarón. El equipo apretó los dientes y encadenó dos victorias fundamentales, ambas por la mínima, ante el Athletic de Bilbao en casa y la Real Sociedad en Atocha. Estos tres triunfos consecutivos permitieron la clasificación para la Copa de Ferias. Objetivo cumplido. Después, el Valencia se plantó en la final de Copa.

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