«Vivo pegado al móvil para estar con la gente»

Cada mañana se levanta y reza. Así, y como él la mayoría de los sacerdotes, comienza una apretada jornada. «Estoy convencido de que necesitamos la ayuda de Dios. Si algo se está demostrando es que el hombre ha llegado a su límite y tenemos que volver a Él. Lo habíamos arrinconado», aclara Jorge Molinero.

Aunque nació en Madrid vive desde hace 22 años en Valencia. Además de sacerdote es periodista y doctor en Teología. Pertenece a la Prelatura del Opus Dei y lleva desde 2010 al frente de la parroquia de San Josemaría Escrivá de Balaguer, una iglesia que se encuentra junto al Hospital Arnau de Vilanova.

El confinamiento, la pandemia, no ha paralizado su actividad. Al contrario. Tiene que multiplicar su tiempo. «Vivo pegado al teléfono. Mucha gente llama o hay que mantener el contacto con la gente que lo necesita. Me he convertido en un teletrabajador», precisa.

«Hay personas que ahora pasan hambre y no podemos abandonarlas», afirma Molinero

Es uno más entre los párrocos de la diócesis de Valencia que en las actuales circunstancias ha tenido que reinventarse para cumplir los deberes de su ministerio. Lo propio de un sacerdote es la cercanía, el trato personal, acompañar y consolar. Impartir los sacramentos. Ahora esta labor se ha vuelto mucho más complicada. «Tenemos que vivir el confinamiento, guardar las medidas de prudencia por el bien de todos», explica.

Esto afecta a aquellas personas que quieren recibir el sacramento de la Penitencia. «Hay un cartel en la puerta de la iglesia con un teléfono. Quedamos con los interesados y les confesamos. Con mascarilla y a una distancia mínima, pero con la necesaria discreción», aclara.

Después del desayuno se instala en el despacho parroquial y empieza el trajín. Pese a que la iglesia permanece cerrada, salvo unas pocas horas al día por si alguien quiere pasar a hacer una visita, las tareas se le acumulan. Gracias a las nuevas tecnologías las posibilidades de acompañar a la gente se multiplican. «Acudimos constantemente a los medios electrónicos», afirma.

Algunos días suele grabar una pequeña plática, muchas veces comentando el Evangelio de la jornada, que más tarde cuelga en la web de la parroquia para que los fieles puedan rezar. También se difunde por redes sociales. Por la tarde es cuando celebra la Eucaristía. «Nos acordamos de toda la gente y les echamos en falta», explica. Los domingos la Misa es a las 19.30 horas y se retransmite por un canal de YouTube.

Una de las tareas que más se ha complicado en las actuales circunstancias es la atención de Cáritas por la necesidad de mantener las medidas de prudencia. «Una vez más tenemos que recurrir al teléfono para atender a la gente», aclara.

Atención social

La parroquia tiene relación con varias viviendas sociales en las que viven gente con escasos recursos. Ahora muchos se han quedado sin trabajo. «La mayoría estaba en la hostelería, limpiaba casas o atendía a una persona dependiente. Hay quien está pasando hambre y no les podemos abandonar», destaca. El centro social de la iglesia atiende y da formación a cientos de personas en riesgo de exclusión. Detrás están, además, sus familias.

San Josemaría se ha movilizado para paliar esta situación. «Queremos atender a 300 personas sin que salgan de casa», apunta. El primer paso ha sido pedir la colaboración económica o manual de los fieles. «Es emocionante ver la generosidad de la gente», añade.

Recuerda que hace unos días Servicios Sociales requirió la colaboración para dar hogar a una mujer que había dado a luz a dos gemelos en el hospital. «Los que ocupan las viviendas sociales, sin preocuparse por su situación, de inmediato les encontraron una habitación», resalta.

Ahora intenta que los voluntarios de la parroquia se pongan a hacer mascarillas. «La gente está preparada. Nos hace falta el material», explica y subraya que una empresa de Rafelbunyol y toda su plantilla se han ofrecido gratuitamente para confeccionar materiales de protección para el personal sanitario.

También continúa abierto el Banco de Alimentos buscando y distribuyendo comida para familias necesitadas. Muchas se acercan hasta la parroquia a recoger su paquete.

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