La diáspora pone en jaque la vuelta de la ACB

“Mi intuición es que la temporada ha terminado. Demasiadas variables diferentes para que podamos jugar. Si la seguridad de los jugadores es la prioridad, creo que será difícil reiniciarla”. Horas después de publicar este tuit, pocos días después de que se decretara en España el estado de alarma, Malcolm Delaney se marchó a Baltimore (Estados Unidos), la ciudad donde nació hace 31 años. “Nos pidió su pasaporte [lo tenía el delegado como los del resto de la plantilla, a efectos operativos], y es algo que no le podemos negar. Es un caso de indisciplina, pero el club por ahora no ha tomado medidas porque entiende que se trata de una situación excepcional”, afirman desde el Barça. El caso del base azulgrana fue el primero de una imparable diáspora de los jugadores extranjeros de la ACB. Esta circunstancia pone en jaque la reanudación de la Liga, establecida de manera incierta para el 24 de abril, apenas 12 días después de la conclusión de la prórroga del confinamiento. No queda margen para la reincorporación progresiva a la actividad, incluso en el escenario optimista y cada vez más improbable de que ahí quedara fijada la vuelta a la normalidad.

A lo largo de la semana, el campeonato griego y la VTB League, que aglutina a los equipos de Rusia y Europa del Este, echaron el cierre. Antes lo habían hecho las ligas de Lituania, Ucrania, Suecia, Suiza, Eslovaquia, Irlanda, Finlandia y Bélgica. La próxima en cancelar definitivamente la temporada será la Lega italiana, como confirmó este sábado el histórico Dino Meneghin, presidente de la Federación. Ante semejante panorama, las plantillas de los 18 equipos de la Liga se han ido desmembrando progresivamente. El Fuenlabrada fue el primero en dar permiso a sus extranjeros para regresar a sus países de origen. Los norteamericanos Anthony Brown, Karvel Anderson y Jerome Randle, el belga Pierre-Antoine Gillet y el ucranio Vyacheslav Bobrov emprendieron viaje. Este último está ingresado desde el viernes en un hospital de Kiev con un cuadro de neumonía tras dar positivo por coronavirus. Las fugas se reprodujeron en otros equipos como el Obradoiro y el Bilbao Basket y los últimos en unirse al éxodo fueron, el viernes, los estadounidenses DJ Seeley y Jason Thompson, del Casademont Zaragoza, que también se marcharon a su país, en este caso sin el permiso del club, que por protocolo les abrió el correspondiente expediente disciplinario, aunque ambos expresaron su voluntad de regresar al equipo en caso de reanudarse la Liga.

Caso aparte merecen, por ejemplo, los dos últimos fichajes del Estudiantes. Byron Mullens, pívot estadounidense con pasaporte británico, que huyó de la liga coreana para escapar de la expansión del coronavirus en Asia y apenas tuvo tiempo de disputar cuatro minutos ante el Barça antes del parón de la ACB. Y Melo Trimble, base también estadounidense que llegaba procedente de la liga australiana y se enteró de la cancelación de la temporada justo cuando estaba a punto de emprender viaje a España. Situaciones similares a la vivida por el israelí de pasaporte polaco Gal Mekel, desvinculado del Reggio Emilia para fichar por Unicaja cuando la situación en Italia ya era crítica y solo pudo jugar un partido antes de la crisis.

Los extranjeros copan algo más del 70% de las fichas de los equipos ACB y su dispersión en tiempos de pandemia aumenta la incertidumbre sobre la viabilidad de un reagrupamiento rápido para volver a competir y recuperar el tiempo perdido si el coronavirus lo permite.

Hablar con realismo

Abrió la vía Delaney, que firmó por el Barça el 12 de septiembre, procedente del Guangdong, chino, por una temporada más otra opcional. El base estadounidense ha hecho explícito su deseo de regresar a Barcelona “en cuanto haya acabado todo esto”. Desde los primeros días de la pandemia en Italia y España, ha propugnado que se permita a los jugadores extranjeros regresar a sus países. Y ha reafirmado su criterio a medida que se han sucedido los hechos. Tras dar positivo cuatro jugadores del Fenerbahçe, Delaney escribió: “Todavía estamos hablando de acabar la temporada…”. Y subrayó la frase del director deportivo del Khimki: “No podemos prohibir a los ciudadanos de Estados Unidos retornar a su país. Los jugadores están bajo contrato, pero no en cautividad”. Cuando el presidente del Brescia, Massimo Cellino, exhortó a entender que la Serie A italiana había concluido, Delaney soltó: “Por fin alguien hablando con realismo”.

Incluso abogó por la cancelación del curso escolar en Estados Unidos como respuesta a este tuit: “Maldita sea, las escuelas de Los Ángeles cerradas hasta el 1 de mayo”. En Israel, el Maccabi, quinto en la Euroliga, vio cómo se le desmantelaba su plantilla con la marcha de sus 12 jugadores de origen estadounidense.

Hasta 17 ERTE

Fuenlabrada, Estudiantes, Zaragoza, Barça, Manresa y Baskonia, además de 11 de los 18 clubes de la LEB Oro, ya han hecho oficiales los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) de empleo a sus plantillas deportivas y o personal administrativo para amortiguar las pérdidas por la pandemia. Además de la incertidumbre global, la situación es preocupante para todos los clubes y todos los entrenadores. “En caso de que volvamos a competir, esto es mucho peor que unas vacaciones. Vamos a necesitar tiempo, no es entrenar una semanita y a jugar”, explica Pedro Martínez, entrenador del Baxi Manresa, que cuenta con ocho jugadores extranjeros. “Es una situación que, si te pilla fuera de tu país y vives solo, es seguro que te afecta más. Desde el punto de vista personal son los que más me preocupan”, afirma Martínez. La incertidumbre crece a presente y futuro para todos los clubes. En el horizonte, importantes rebajas presupuestarias de los equipos y la renegociación con los patrocinadores.

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