Trump utiliza la ayuda para doblegar a los gobernadores

Es déjà vu en Nueva York. Otra vez las calles desiertas, el espacio aéreo en silencio, el aullido de las sirenas, los hospitales desbordados. El fantasma del 11-S ha vuelto a una ciudad resucitada como la Zona Cero de una catástrofe global. El miércoles, por primera vez desde ese fatídico 11-S de 2001, los Servicios de Emergencia batieron el récord de llamadas médicas: 6.554, más incluso que el día de los atentados. Pero el jueves lo volvieron a batir: 7.000 llamadas. Y probablemente cada uno de los próximos 21 días que se tardarán hasta alcanzar el temido cenit de la curva epidemiológica.

«Esta vez el enemigo no secuestra aviones, sino nuestros pulmones», comparó The Washington Post. Por eso la súplica del gobernador Andrew Cuomo es «respiradores, respiradores y respiradores», insistió ayer. El hombre que debería conseguírselos no se lo toma en serio, pero Cuomo ya no se enfrenta Donald Trump. El presidente dejó claro el martes que ayudará a Nueva York sólo si sus autoridades le adulan. «Tienen que ser amables con nosotros», condicionó.

Así que cuando llamó a un programa de Fox para poner en duda la urgente petición, Cuomo midió la respuesta. Trump dice no entender que «de pronto vaya a necesitar 30 o 40.000 respiradores, cuando hay muchos hospitales que hasta ahora tenían uno o dos», dijo al presentador Sean Hannity. «Esto es como comprar un coche, ¿sabes? Es caro. Y yo tengo la impresión de que van a necesitar muchos menos».

Un médico, que no quiso dar su nombre, dijo haberse quedado «mudo» al escucharlo. «Indignado», añadió. «¡Me enfurece tanto! Estamos compartiendo los respiradores y decidiendo a quién se lo ponemos para salvar una vida u otra, y el presidente dice que tiene ‘la impresión’ de que no nos van a hacer falta…» El gobernador, que es quien tiene que dar la cara, se contuvo ante las cámaras. «No tengo una bola de cristal para saber lo que vamos a necesitar, me gustaría pensar que el clima va a cambiar de la noche a la mañana y va a borrar a este virus del planeta, pero tengo que actuar de acuerdo a los datos y a las proyecciones de los científicos, no en base a ‘presentimientos’ o ‘sensaciones’.

En Nueva Orleáns, otra gran ciudad golpeada dos veces por las catástrofes, la alcaldesa La Toya Cantrell midió menos sus palabras ante quienes la culpan por no haber cancelado los carnavales de Mardi Gras, en cuyas aglomeraciones se propagó el virus como la pólvora. «Si el presidente decía que no pasaba nada y que pronto no tendríamos ningún caso, ¿por qué los iba a cancelar?». Más de un millón de personas bailaron a final de febrero por las calles ahora desiertas. Hoy hay cerca de 3.000 casos y un centenar de muertos en el estado. De la fiesta a la pandemia, pasando por Donald Trump. Según la Universidad de Louisiana, el ritmo de propagación en las primeras dos semanas de la infección fue el más alto del mundo.

EE UU supera ya a China en casos confirmados de COVID-19

La curva desigual en el país, dependiendo de la densidad de población y el número de diagnósticos. En el condado de Ulster que alberga el mítico pueblo de Woodstock, a solo dos horas de la Gran Manzana, no se ha confirmado ni un solo caso, a pesar de que el estado tenía ayer casi 50.000, más de la mitad en la ciudad de los rascacielos. Solo una decena de condados de los 62 que hay en el estado tienen casos confirmados, algo que cambiará día a día con el aumento de las pruebas y el éxodo masivo de la ciudad al campo. «¡Intenta caminar por una acera de Manhattan dejando dos metros de distancia con otros peatones!», desafió Cuomo.

Nueva York también es el estado que más pruebas realiza, 130.000 hasta ayer. Y EEUU, con 65.000 pruebas diarias, es ya líder mundial por delante de China y Corea del Sur, pero no per capita. Un estado como Arizona no llega a las mil. Cuanto menos pruebas, menos casos, a corto plazo. A largo, en el estado de Washington, donde comenzó la epidemia, la iniciativa privada expandió las pruebas de diagnóstico sin esperar a los kits del gobierno y esta semana algunos de sus hospitales reportan días sin un solo nuevo caso. Es la carta del futuro que todo el mundo espera leer algún día.

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