«Trabajamos con batas hechas por voluntarios y gorros de ducha»

Cristina Alonso Bouzón es presidenta de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (Semeg) y trabaja en el hospital universitario de Getafe, donde cada día lucha junto a sus compañeros contra el coronavirus. Pero lo hacen sin armas. «Estamos completamente indefensos», señala la doctora gallega.

-Trabaja en el hospital de Getafe, ¿cómo es la situación en su centro?

-Estamos fatal. No llega nada. Nada es nada. Parece que vamos disfrazados para el carnaval de mi pueblo. Vamos con unas batas de plástico que nos hacen voluntarios y familiares, hechas con bolsas de basura, con gorros de ducha que nos han regalado. Vamos sin calzas y con mascarillas malísimas. Es lamentable. Es una sensación de inseguridad absoluta. De hecho los compañeros están cayendo como chinches.

-¿De cuántas bajas estamos hablando?

-De 18 enfermeras de plantilla tenemos a ocho de baja. Y de médicos, cinco o seis. En mi sección.

-¿Es una situación generalizada en otros hospitales?

-He preguntado a otros centros de la Comunidad de Madrid y depende mucho del hospital y de su servicio. En general, la escasez de material es generalizada. Sobrevivimos a base de material donado que no está validado. Son trajes que hace la gente con toda su buena intención, pero en el contexto de una pandemia cualquiera puede estar infectado. Los traen personas que pueden estar infectadas y estamos totalmente expuestos.

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-¿Sabe cuándo van a darles material?

-Dicen que va a llegar mañana o pasado desde hace varios días. No lo sé. Es inseguro para nosotros, para otros pacientes y nuestras familias. Pero no es lo único que nos falta. Esta escasez también se refleja en fármacos y en respiradores. Está muriendo gente sin tratamiento.

-¿El sistema sanitario está sobrepasado?

-Sí. Es mi percepción. Ya ha muerto gente que no ha recibido el tratamiento que tenía que haber recibido. Para muchas personas ya es tarde.

-Y entre el colectivo más vulnerable que necesita una atención más urgente están los mayores.

-El presidente (Pedro Sánchez) se mata a decir que intentará proteger a toda la población, incluidos los más vulnerables, que no se va a dejar a nadie atrás. La realidad es que ya está dejando a mucha gente atrás. Y a quienes están dejando atrás especialmente son a las personas mayores, tanto a los dependientes como a los que son totalmente independientes. Se está perdiendo un capital social brutal. Y estoy hablando de gente de sesenta años.

-¿Espera que baje pronto la presión sanitaria, que se alcance ya el pico de contagios?

-Es muy difícil saber cuándo alcanzaremos el famoso pico. Hay predicciones, las más optimistas, que dicen que llegaremos la semana que viene. Ojalá a partir de esa semana el número de casos comience a disminuir porque se abriría una ventana de esperanza. Porque, hoy por hoy, cada día es peor que el anterior. Es decepcionante el trabajar de esta manera. En dos semanas hemos bajado dos mundos: de una sanidad que teníamos de primer mundo a una de tercer mundo.

-Es un panorama desolador.

-Sales de trabajar hundida. No es por el trabajo técnico o porque tengas que trabajar muchas horas. Lo duro y lo difícil es lo inhumano de la situación, de llamar a una familia y decirle que se va a morir su padre. Y que no tenemos un tubo para intubar. No hay medios materiales. Es horrible. Te absorbe la energía.

-Y agotará mucho psicológicamente…

-Veo a compañeras que viven esta situación con mucha ansiedad. Yo soy geriatra y el contacto con el paciente es cortito. Pero las enfermeras, las auxiliares están turnos enteros. Es que están muy expuestas. Y luego tienes que escuchar el discurso del Gobierno que está haciendo todo lo posible o a la consejera de Sanidad de la Comunidad Valenciana, diciendo que los sanitarios estábamos contagiados por ver a muchos familiares y de hacer viajes. Se nota una falta de conocimiento, de interés y de comprensión del sanitario que es alucinante.

Personas mayores

-Para los geriatras españoles, ¿cuáles son las mayores preocupaciones en esta situación de confinamiento?

-Por un lado, aquellas personas mayores con un peor estado de salud tienen un riesgo muy alto de fallecer por cualquier cosa, aunque sea un cuadro banal de coronavirus. Nos preocupa también que se estén dando casos muy graves de coronavirus en personas que tienen un buen estado de salud. Pero como estamos en un momento de pandemia, estas personas tan robustas no tienen acceso a los cuidados que sí se están dando a los adultos jóvenes enfermos.

-Hay muchos mayores solos con el confinamiento, ¿les preocupa?

-El confinamiento tiene consecuencias devastadoras en las personas mayores. Se pierde muchísima masa muscular y se favorecen trastornos en el estado de ánimo.

-¿Cómo ve la situación de las residencias?

-Se intenta que vengan al hospital aquellas personas que lo necesiten y cuyo tratamiento no se pueda dar en las residencias. Es algo razonable para no saturar los hospitales. La clave es que a cada persona se le debe dar el tratamiento que necesita. Lo que me preocupa es que haya pacientes que no se derivan o no se tratan como necesitan. Eso sí es una discriminación y hay que dar los medios necesarios para evitarlo.

-¿Cree que se banalizó la enfermedad, que no se le dio la importancia que tiene?

-Sí. A todos nos pareció muy lejano porque empezó en China. Cuando el director general de la Organización Mundial de la Salud dijo que era una epidemia nos sorprendió a muchos. Y en el momento en que comenzaron los primeros casos en España, también parecía que no pasaba nada. Aparecieron muchos casos y se siguieron haciendo actos públicos multitudinarios. Sí, se ha banalizado.

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