«Cada uno que aplauda a sus mayores como pueda»

Sí, a él también le está pasando. Pese a que se siente un privilegiado por tener al lado, en este confinamiento, a su mujer desde hace más de 60 años. También por los 12 hijos que se preocupan por ellos. Y por el trabajo que le llena el día: su artículo semanal para un periódico catalán, atender su facebook con un mensaje diario para sus fans y añadir las necesarias páginas sobre esta crisis a un libro que estaba a punto de salir a la calle y que por razones obvias se ha retrasado. Y lo que le esta sucediendo es lo que a muchos españoles, porque el economista Leopoldo Abadía, zaragozano de 86 años aunque residente en Barcelona –y sin recuerdos de la Guerra Civil– experimenta esa desazón que vive de forma más intensa una parte muy importante de nuestra población, los más mayores: «Después de desayunar miro un poco los periódicos, pero cada vez paso más rápido de las noticias sobre el virus a las de economía, porque me desmoralizo, porque si me enseñan fotos de ataúdes me quedo muy triste».

–La gente más mayor es la que peor lo está pasando en todos los sentidos.

–Sí, los viejos son los más perjudicados en esta crisis, pero debemos saber que nuestra voz es tremendamente importante.

–Habrá que decírselo al vicegobernador de Texas, que sugiere que los mayores deben estar dispuestos a sacrificarse por el bien de Estados Unidos…

–Eso es una animalada, por no decir otra palabra más fuerte. Yo ya sé que si me pongo enfermo y hay un chaval de 27 años al lado que también lo está, pues van a ir por él, a ayudarle a él, pero eso no puede ser la política general, eso es una burrada.

–Todos los días leemos noticias de las residencias, de la posibilidad de dejar a algunos por el camino para poder salvar a otros por culpa de la saturación de los hospitales, de los famosos de cierta edad que pierden la vida por el coronavirus, de las cifras de muertos… Y eso cada día nos llega a todos, pero ¿cómo pueden sobrellevar toda esta carga psicológica nuestros mayores?

–Pues mira, a mí me ayuda mucho tener a Dios, y supongo que a otros como yo también les está ayudando, que Dios está detrás de esto, que no es lo que quiere pero que lo permite por la razón que sea. Y aquí los ateos se enfadarán, yo tengo un amigo ateo y le digo ‘¿qué te parece que rece por ti?’ y me dice ‘bueno, vale’, y rezo un poco. Tengo una lista de 80 o 90 amigos y cada día ocupo un tiempo en llamar a unos pocos para saber de ellos, preguntarles cómo están. Y hay quien lo lleva bien, pero alguno lo está pasando realmente mal.

–¿Y qué se hace con la gente mayor sola en casa, sin Netflix ni similar, expuesta a las cadenas generalistas ya los noticieros continuos, expuesta al miedo?

–Sí, cadenas llenas de mascarillas. Pues creo que hay que evadirse un poco de todo esto. Frente a la información que puede hacer que nos creamos inútiles, tenemos que sentirnos todo lo contrario, útiles, válidos.

–¿Cómo se consigue?

–Es el momento de hacer amigos, de llamar al vecino que sabes que está solo para preguntarle qué tal. De telefonear cada día a cuatro o cinco amigos para interesarte por ellos, sin olvidarnos de la mujer o el marido si lo tenemos en casa, claro. De poder jugar a las cartas o a cualquier otra cosa a través de internet si sabes manejarte. De salir a aplaudir a nuestros sanitarios y conocer a tus vecinos, como me ha pasado a mí con los de enfrente.

–Y dejar de hablar del virus…

–Sí, que hagan el esfuerzo de no hablar de los muertos, de la enfermedad, de lo mal que estamos, y de la vacuna, porque para cuando salga la vacuna, que tardará dos meses y luego otros dos más… pues quién sabe. Los más privilegiados tenemos que ocuparnos de los que lo son menos. Y fíjate que ahora cuando deje la entrevista me voy a sentir más responsable que nunca con todo lo que estamos hablando. Hasta el tío más tirado es útil, aquí todos valemos. Los viejos podemos hacer mucho por la gente.

–¿Y la gente por ellos?

–Es un momento para poner mucho amor, las familias deben hacer aún más caso a los suyos, no condenarlos pensando que ahí está el abuelo y que estará bien solo en su casa. El otro día hicimos una videollamada mi mujer y yo con mis doce hijos y después de un rato ahí les dejamos a ellos con sus cosas y mi mujer y yo nos fuimos a la cama felices.

–Uno de estos días deberíamos lanzar un aplauso comunitario por los más mayores. En Galicia, un anciano con alzheimer sale a tocar la armónica al balcón y cree que los aplausos son para él. Y le hacen mucho bien, claro.

–Bueno, si estamos centrados en aplaudir a los sanitarios, centrémonos en eso, porque a ver si vamos a pedir aquí un aplauso a las siete para los viejos y luego a las ocho otro para los sanitarios y la gente va a acabar eligiendo a quién aplaudir. Pero si un día hay una convocatoria para reconocer a los mayores, genial. Hasta ese momento, cada uno debe aplaudir a sus viejos como pueda.

–Por cierto, ¿está haciendo ejercicio, le da el sol, tiene jardín o terraza en su casa?

–Mi mujer y yo estamos confinados en nuestro piso de Barcelona, de dos plantas, sin jardín, porque necesitamos que fuera muy grande con tanta familia, aunque hoy vivimos solos y mi hijo número 11 nos trae la compra con mascarilla.Pero lo cierto es que nunca he hecho ejercicio y me encuentro muy bien.

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