Apuntes en la Marina

La Marina alicantina sedujo a Sorolla por los azules cambiantes de sus aguas, las tierras rojas y la peculiar arquitectura del ‘riu-rau’, que comenzó siendo un porche para proteger la uva de las inclemencias del tiempo y daría pie a un prototipo de arquitectura mediterránea.

Los ‘riu-rau’ destacan en Pedreguer, Gata de Gorgos, Ondara, Jávea y Denia, área donde se buscaron secaderos diáfanos para secar la uva tan amorosamente cultivada. El origen, según los historiadores, se inició a finales del XVII, después de la expulsión de los moriscos, o comienzos el XVIII. Y su evolución marchó paralela a la creación de villas y hasta de urbanizaciones, en las que se han sustituido la blancura de la cal por tonos ocres, almagra y siena, colores siempre de pueblos que orillan este mar. La expansión, naturalmente, obedeció a la exportación de la pasa, que se puede seguir con los documentos gráficos de José Riera Vallata, testimonio de la vida industrial, que llegó a exportar madera de los Países Nórdicos para que en serrerías de Tuy hicieran los tabloncillos que exigían las cajas que Denia precisaba.

Gracias a la pasa, consignatarios, exportadores y comerciantes extranjeros se instalaron en Denia, propiciando la ubicación de los consulados de Francia, Inglaterra, Italia y Estados Unidos, otorgando a la ciudad un aire cosmopolita que todavía perdura por las colonias germánica y alemana.

La uva, que también se obtenía en los términos de Gata, Benissa, Benitachell y Beniarbeig, entre otros lindantes, se concentraba en Denia, desde cuyo puerto se exportaba. En aquellas décadas, hasta una veintena de barcos esperaban a los faluchos que transportaban las cajas, que eran llevadas al muelle en carros.

Añadamos que la crisis de la pasa, a principios del XX, dio prioridad a la fabricación juguetera. Por puro romanticismo, existen algunas fincas donde cultivan viñas para elaboración de vino, que comercializan.

Hay que probarlo.

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