«Un golpe en nuestro mejor momento»

Al igual que a la mayoría de compañías, a Herrajes Bermi le estalló la alarma sanitaria de sopetón. Esta pyme, afincada en Castalla desde 1988 y con cerca de 50 empleados, se dedica a diseñar y fabricar herrajes y componentes para distintas industrias, como el mueble, telecomunicaciones e instalaciones fotovoltaicas, entre otras.

Tal y como cuenta el director de producción, Alfredo Gisbert, la crisis del coronavirus ha llegado en el «mejor momento» de la empresa, ya que tenía entre manos varios proyectos potentes.

«Llevábamos ocho meses muy buenos, en los que conseguimos proyectos muy interesantes. De hecho, habíamos subido salarios y, de repente, nos viene este golpe», relata Gisbert, quien incide en que todo el escenario ha pegado un vuelco «en cuestión de horas».

Aunque su empresa no está obligada a cerrar por el decreto, no está siendo ajena al cierre de sus clientes y proveedores. «Cada día empiezan a cerrar más empresas, tiendas, proveedores, almacenes y así sucesivamente hasta que llega a nosotros la onda expansiva».

«Empieza a estar complicado porque encima uno de nuestros principales clientes va a cerrar temporalmente y eso va a hacer que todo se tambalee. Ellos suponen un volumen del 40% de nuestra facturación», cuenta el director de producción de la firma.

Ante esta situación, la mercantil ha decidido presentar un ERTE. Sin embargo, ha sido denegado. «Ni las propias asesorías tenían claro cómo funciona el ERTE ni si nos lo iban a conceder», señala Gisbert, que detalla que dicho expediente estaba programado para diez o doce operarios.

Por ello, según indica, la única alternativa viable es recurrir a la llamada bolsa de horas, que según su convenio sectorial está establecido en un 10% de la jornada anual de cada trabajador y se puede distribuir flexiblemente. «Esto aproximadamente son entre 21 y 22 días. Todo lo que pase de ahí tendríamos que cogerlo de las vacaciones», apostilla.

Sin embargo, reconoce que, pese a estas medidas, la situación se vuelve complicada. «La empresa tiene que seguir asumiendo todos los pagos, teniendo en cuenta que su facturación disminuye notablemente», indica. En ese sentido, Gisbert lamenta que la incertidumbre hace imposible aventurar cuánto tiempo pueden aguantar en esta situación.

«Nosotros tenemos la empresa saneada, pero somos una pyme y no sabemos cuánto podemos aguantar», admite el directivo, que destaca los proyectos actuales de la firma. «Tenemos clientes que cierran y otros que nos piden adelantar faena, con lo cual por ahí podemos tirar, pero como la situación está cambiando por días, no sabemos cómo puede evolucionar todo», asegura.

A esto, añade que la mercantil estaba a punto de abrir una nave nueva. «Imagina que esta crisis te pilla en medio de esa inversión; puede hacerte saltar por los aires», sentencia.

Leave a Reply