La Albufera, en pausa

Apenas tres patos observan tranquilamente al periodista desde uno de los embarcaderos de la Albufera en la CV-500 en dirección a El Palmar. Son los únicos seres vivos que se dejan ver en el entorno del lago. Es 19 de marzo. El parque natural debía hervir de actividad, pero el coronavirus se lo ha llevado todo por delante. El silencio, roto sólo por los pájaros y algún coche despistado que rueda por la carretera, se enseñorea de un entorno que está en pausa, como inmerso en un eterno día de Año Nuevo.

La Albufera, como el resto de Valencia, se ha encontrado con que el maldito virus lo ha paralizado todo. También la actividad en el lago, que remonta ligeramente los días laborables. Pescadores y agricultores siguen trabajando en el lago, pero entre que ha llovido demasiado y que por tanto poco se puede hacer en los campos y la prohibición del real decreto, el lago languidece.

La contaminación atmosférica se desploma en Valencia

La red Mesura, que mide los niveles de contaminación en la ciudad de Valencia, acaba de confirmar la tendencia detectada hace unos días: la reducción drástica de la contaminación atmosférica en la capital. De hecho, el dióxido de nitrógeno (NO2) ha caído un 60% en siete días, y eso que el viento que ha soplado en la última semana ha sido más flojo que el registrado en las jornadas anteriores.

O languidece o, en realidad, vuelve a su estado natural. Desde la Casa de la Demanà advierten de que en determinados puntos “esperan” que el bosque de la Devesa haya comenzado a asilvestrarse más aún, dado que la gestión forestal que se hace del bosque es eminentemente silvestre: se deja que sea la propia foresta la que se gestione a sí misma. Además, reconocen que los atropellos de fauna “se han reducido mucho”. Miembros de la asociación que trabajan en el entorno explican que hace “muchos días” que no ven animales muertos en la CV-500, algo que era bastante habitual antes de este cierre total de la vida al aire libre.

Eso sí, que no esperen los valencianos ver por internet o en este diario imágenes de agua cristalina como las de Venecia, que se volvieron virales. El presidente de la Cofradía de Pescadores de El Palmar, Pep Caballer, reconoce que para curar a la Albufera de los efectos de la contaminación“hace falta más de una semana de encierro”. Desde la Casa de la Demanà, sin embargo, insisten en que la situación del lago mejorará ligeramente en próximas fechas porque se reducirá la presión de las industrias del entorno, aunque admiten que la mayor parte de la contaminación que sufre el lago proviene del mar y de los vertidos de las acequias de Valencia, algo que no desaparecerá con el encierro.

En lo referente a las actividades propias del lago, como los paseos en barca o la hostelería, todo está, evidentemente, parado. Eso, para una economía como la del parque natural basada eminentemente en el turismo y la agricultura y la pesca, es un duro golpe del que las localidades situadas en la ribera del lago como El Palmar, El Saler o Silla no saben si podrán recuperarse. La agricultura, eso sí, sobrevive, pero tampoco de manera boyante. Claro que el cierre ha llegado tras el fangueo en una época en la que se está a la espera de comenzar la siembra del arroz y además con mucha lluvia, por lo que las actividades en los campos que rodean al lago se han reducido al mínimo. Y las pocas que se llevan a cabo, con mascarilla.

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