El coronavirus cambia los equilibrios en el Consell

El terremoto que está causando la crisis sanitaria del coronavirus ha traído aparejado todo un conjunto de réplicas en la política, a todos sus niveles. Y esos efectos se hacen sentir con más intensidad cuando las estructuras no están todo lo fuertes o flexibles que deberían para aguantar la fuerza de una situación desconocida hasta la fecha. Y en los gobiernos de coalición, cualquier leve movimiento sísmico acaba provocando olas de un tamaño considerable.

La semana pasada, sin ir más lejos, el Gobierno central mostró la debilidad de sus costuras con el largo debate que ocasionó el decreto que daba inicio al Estado de alarma en todo el territorio, entre las dos sensibilidades que lo forman: PSOE y Unidas Podemos. Además, la conformación del equipo sobre el que recae la aplicación de todas las medidas del Real Decreto (cuatro ministros socialistas) ha dejado poco margen entre socios en estos primeros meses de unión.

En la Comunitat Valenciana, el Consell del Botánico lleva ya en marcha casi cinco años. Lo que empezó como un Gobierno a dos, de PSPV y Compromís, se ha ampliado esta legislatura con la incorporación de Unidas Podemos. Los equilibrios ya dieron un vuelco hace ahora casi un año con el estirón que pegó la familia Botánica en el número de carteras y altos cargos en su organigrama, pero ahora ese hilvanado comienza a deshilacharse por algunas costuras.

La desconfianza entre socios se hace notar, como admiten desde las dos partes principales de esta coalición: PSPV y Compromís. Los primeros aseguran que los segundos están «descolocados» con la magnitud de la tragedia y los segundos acusan a los primeros de estar «acaparando» toda la gestión administrativa y mediática de la crisis. De Unidas Podemos, ambas partes coinciden en señalar que están «desaparecidos», como ya sucedía en los grandes temas anteriores.

En líneas generales, el protagonismo mediático y organizativo de la crisis sanitaria y todas sus derivadas lo ha asumido en primera persona el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, que acumula una extenuante agenda de reuniones que lo mantiene al frente de la gestión. No hay día en que no organice algún encuentro o videoconferencia de la que no salga una medida. «Ocurrencias» en algunos casos, para sus socios, que asisten con cierta resignación al modus operandi de Presidencia con el reparto de competencias. «Salen a diario a anunciar algo sin tener claro cómo se tienen que implementar las medidas o si, en el mejor de los casos, pueden llevarse a cabo», reconocen distintas fuentes de Compromís, que subrayan que el PSPV ha monopolizado la coordinación de la emergencia, como también sucede en el Gobierno central.

Los socialistas, sin embargo, justifican el paso al frente del presidente en los numerosos conflictos abiertos en el mestizaje de más de una conselleria clave, que ha impedido un avance más rápido de la situación. Los socios estaban «descolocados de antes», pero con la formación del Gobierno de coalición en España, aseguran fuentes socialistas, se ha achicado el espacio político de Compromís. «Criticar al Gobierno de España sería ir contra sus dos socios en el Consell», aseguran. En líneas generales, y a pesar de que cada conselleria tiene sus propios frentes abiertos con la gestión de algo de la magnitud de la crisis sanitaria abierta por el coronavirus, lo cierto es que la consellera de Sanidad, la de Justicia, el de Política Territorial y, en ocasiones, el de Economía (el único de Compromís) son los que se sientan con más asiduidad en el núcleo duro de gestión de las medidas. Puig ha confiado más en su equipo de Presidencia que en sus consellers, aseguran fuentes de Compromís.

Caso aparte es el de la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra, en la discreción, afanada en su papel de Consellera de Igualdad y Políticas Inclusivas, con la gestión de los centros de mayores, de menores y los casos de violencia de género como pieza angular de su gestión. A Oltra se la ve en pocas reuniones, consciente de que con solventar su propia área tiene más trabajo que varias consellerias juntas, aseguran desde el Consell. En las mismas está la desbordada Economía con toda la avalancha de expedientes temporales de empleo y políticas industriales. También el del conseller de Educación y Cultura, Vicent Marzà, responsable del cierre de centros educativos y de contentar a padres, alumnos y personal docente.

Otras áreas, a priori sin demasiado papel en esta emergencia, como Hacienda (al margen queda el departamento de DGTIC, que ha solventado todos los imprevistos), Innovación, Agricultura o Transparencia, han desaparecido del mapa de influencia.

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