¿Qué mascarilla protege del coronavirus?

La mascarilla se ha convertido en el gran tesoro de esta pandemia, pero el problema es que casi nadie sabe ni cómo se utiliza ni para qué sirve cada modelo. Cada ciudadano la utiliza a su manera y en la mayoría de los casos de forma errónea. Tampoco ha salido un cargo público a explicar su funcionamiento, simple pero ineficaz si no es hace de manera correcta.

Un compañero de LAS PROVINCIAS se presentó en un hospital valenciano a hacerse la prueba por si era positivo de coronavirus con una mascarilla modelo FFP2 –conocida entre los profesionales sanitarios como pico de pato– y lo primero que hizo el médico es decirle que se la quitara de manera inmediata. El paciente no sabía que ese modelo sólo te protege del contagio pero en cambio, si tienes el virus dentro del cuerpo, puedes multiplicar su efecto al expulsarlo. En cambio, hay ciudadanos que van a comprar con una mascarilla quirúrgica –las de color verde– y se creen invulnerables con ella. Nada más lejos de la realidad. Esas sólo son útiles para no expandir el virus si eres positivo, no para evitar cogerlo. Por todo eso, es fundamental aclarar para qué sirve cada mascarilla.

¿Qué mascarilla me protege del coronavirus?

Las mascarillas que de verdad protegen a una persona sana para no infectarse del virus son las que se conocen como FFP1, FFP2 y FFP3. Están diseñadas para trabajar de fuera hacia dentro, es decir, al que la lleva y se la pone de manera correcta le blinda de la agresión del virus desde fuera. Estos modelos, que suelen ser de color blanco y con una textura mucho más gruesa que las otras mascarillas, tienen como finalidad «proteger al usuario frente a la inhalación de contaminantes ambientales como agentes patógenos, agentes químicos, antibióticos y citostáticos», según se señala en documentos especializados.

En este tipo de mascarillas hay tres niveles y se elige el factor de 1 a 3 en función de la peligrosidad del contaminante. En un caso de tuberculosis, por ejemplo, los responsables sanitarios recomiendan la 2 o la 3.

Este tipo de mascarilla es fácil de reconocer porque en la mayoría de los casos disponen de una válvula para que el aire escape y evitar así que se acumule calor.

Una de las quejas más repetidas por parte de los sanitarios es la falta de mascarillas modelo FFP2 y FFP3 para evitar contagiarse. Estos dos últimos modelos filtran entre el 92% y el 98% de las partículas.

¿Qué mascarilla evita que un infectado por el coronavirus contagie a otras personas?

Las mascarillas de color verde son conocidas como de higiene o quirúrgicas. Es una de las que más se ve por la calle estos días en las imágenes de los medios de comunicación. La función real de estas mascarillas es que un positivo por coronavirus no contagie a otras personas.

De esta manera, si un ciudadano va al supermercado con una mascarilla de estas que sepa que no está protegido frente a un posible infectado. Simplemente está igual de expuesto porque no sirven para blindar sino para no transmitir. Por eso, a cada paciente que ingresa en el hospital o que es sospechoso de ser positivo lo primero que le hacen es ponerle una mascarilla quirúrgica, para evitar que contagie. «Impiden la transmisión de fluidos, microorganismos y virus de dentro hacia afuera», explican los especialistas. Pueden ser rectangulares con cintas y banda elástica o en forma de concha.

¿Cuáles son las pautas de uso de una mascarilla?

En teoría son de un solo uso. Es decir, no vale usar la mascarilla para ir a comprar, guardarla en el coche y utilizarla al día siguiente. El problema es que es casi imposible encontrar ahora mismo en el mercado y cada ciudadano se la guarda como si tuviera un lingote de oro. Además, tampoco es correcto llevarla colgada al cuello o colocada en la frente porque puede contaminar otros espacios. Lo ideal sería utilizar una nueva cada vez que se sale.

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