¿Qué es más, un 3,1% de poco o un 2'6% de mucho?

Los porcentajes pueden resultar muy engañosos en ocasiones, si no se traducen en términos absolutos.

Circula una información sobre lo que ganan productores y supermercados con las patatas y algunos opinadores profesionales de cadenas de difusión nacional se han esforzado en hacer caso a lo que les han facilitado, sin duda, gabinetes de comunicación de grandes compañías, interesadas en que se divulgue esto: el beneficio medio del supermercado con este artículo es del 2,6%, inferior al 3,1% que teóricamente obtiene el agricultor. Y así queda de aparente.

Ambos porcentajes fueron extrapolados de la información recogida del Observatorio de Precios Agroalimentarios, por lo que en principio hay que darlos por ciertos.

El objetivo que se intuye detrás de este tipo de informaciones sesgadas es el de manipular las conclusiones en beneficio propio de quienes las echan a rodar. Tienen a favor que los destinatarios, la gran mayoría de los ciudadanos, sólo conocen lo que les cuesta comprar un kilo de patatas, o de lo que sea. A lo sumo han escuchado a las organizaciones agrarias y de consumidores rasgarse las vestiduras porque el kilo de patatas (o lo que sea) se multiplica tantas veces desde el campo hasta su venta final, lo que se ve escandaloso e incluye desconocer, u olvidar, que en el camino hay una serie de pasos de recolección, transportes, selección, envasado y comercialización que generan unos gastos que se van sumando y que en conjunto representan, en todos los productos, bastante más de lo que valen en origen. Es decir, lo que se paga en campo es por lo general muy poco, máxime teniendo en cuenta lo que alcanza al final de la cadena, pero lo que está en medio es necesario, no se puede obviar; el problema sigue siendo lo que se da al que produce, que es insuficiente. Pero para contribuir al enredo están los porcentajes, hábilmente manejados. ¿Qué es más, un 3,1% de poco o un 2,6% de mucho? Siguiendo el planteamiento expuesto, el 3,1% de 20 céntimos en el campo son unas ganancias paupérrimas de 0,62 céntimos de euro por kilo para el agricultor; mientras que el 2,6 de un euro en la venta final son 2,6 céntimos de beneficios para el supermercado: cinco veces más que el agricultor.

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