«Pero yo también amaba su cuerpo»

D En la secuencia final de ‘Ordet’ (1955), la hermosa película de Carl T. Dreyer sobre la resurrección y la fe, contemplamos el desespero de Mikkel, abatido por la muerte de su esposa Inger, aún de cuerpo presente y a la que amaba de un modo profundo. El padre de Mikkel intenta aliviar su desolación: «Su alma está con Dios, ella cuidará de nosotros desde el cielo». El hijo se rebela contra estas palabras de consuelo: «¡Pero yo también amaba su cuerpo!», exclama.

Durante el actual enclaustramiento colectivo me ha venido a la cabeza varias veces el lamento de Mikkel. Más tarde explicaré el motivo. En facebook y en el conjunto de redes sociales nacen millones de amistades, enamoramientos y afinidades ideológicas. También numerosas relaciones de odio, con insultos y ataques personales incluidos. Personas que nunca se han visto cara a cara, se aman o se detestan con fiereza. Es uno de los signos de nuestro tiempo.

Son momentos aciagos. Los museos se esfuerzan por ofrecer opciones que puedan paliar la rutina de tantos días de encierro. El IVAM abre sus puertas virtuales a todos los amantes del arte. Excelente idea, que se agradece de veras. Seis de los principales museos españoles (el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía de Madrid, el Bellas Artes y el Guggenheim de Bilbao y el MACBA de Barcelona), nos proponen acceder virtualmente a sus salas, cerradas desde hace más de una semana por el estado de alarma. El Prado ofrece cursos online gratuitos sobre Velázquez y El Bosco.

Debido al cierre temporal en toda España de colegios y universidades para evitar nuevos contagios, hay al menos cinco plataformas que permiten dar o recibir clases desde nuestras viviendas. Compañías en distribución online de visitas guiadas y excursiones, nos sugieren planes sin salir de casa para visitar Berlín, Florencia, Roma, París… Los principales destinos del mundo al alcance de la mano. Los tenemos a pocos metros de nuestra nevera. Toda la prensa diaria se puede leer en los ordenadores. Y las películas de reciente estreno en nuestras teles o en nuestros móviles. Festivales de música en streaming (retransmisión en directo) y teatro por internet. Es más fácil estar desmoralizado que estar aburrido.

La amistad, el amor, el odio, los museos, los viajes, la prensa, el cine, la música… La revolución tecnológica ha hecho posible que estas experiencias básicas puedan ser virtuales. La pandemia del coronavirus ha acentuado la tendencia, ahora obligatoria, de vivirlas solo en el reducido ámbito de nuestros refugios individuales. Todo el universo vital de los humanos, instalado cómodamente en cien metros cuadrados (o menos). Son unos servicios que nos ayudan. Pero…

Ritos. Pero yo también amaba su cuerpo! Ahora es una exclamación mía, no del viudo Mikkel. Y no me refiero a ningún cuerpo humano, sino al cuerpo tradicional de la cultura, a sus ritos de presencia real. Amo leer la prensa en edición de papel mientras desayuno, amo ver en persona las exposiciones, con gratos paseos del IVAM hasta La Nau y la Fundación Bancaja… Amo ‘el cuerpo’ de los viajes auténticos con mi coche a Elche. O a Cuenca, para que el poeta Juan Carlos Valera me haga ver con nuevos ojos la Ciudad Encantada.

Serios apuros. Ese ‘cuerpo’ cultural no creo que desaparezca para siempre. Pero está en serios apuros. Las pantallitas no son una alternativa.

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