Montaña rusa

En ‘Downton Abbey’, la condesa viuda de Grantham preguntaba qué es un fin de semana. Si todas las frases que pronuncia el personaje de Maggie Smith en la serie son para enmarcar, esta es para bordarla a punto de cruz y hacerte un cojín. Para ella, todos los días eran iguales; para nosotros, también. Lo único que diferenció mi domingo del resto de la semana fue que le eché mermelada de arándanos a la tostada. Hoy le he restregado medio tomate para saber que es lunes otra vez, que llevamos un día más de menos. Pero ¿menos de cuánto? Porque aquí seguimos, recluidos sin conocer la duración de la pena impuesta, el tiempo que vamos a estar confinados. Dos semanas más, dicen. Quién sabe. Prisión revisable cada quince días, en función de nuestro comportamiento. Inseguridad jurídica. Y vital.

Mientras, llueve en el exterior. Ya estamos en primavera, pero hemos vuelto al invierno. Parece que el tiempo no solo no avanza, sino que comienza a retroceder: Televisión Española ha recuperado los programas de Eva Nasarre y de Elena Santonja. En la cocina tengo un frutero de ‘Con las manos en la masa’. Me lo regaló un amigo que participó como invitado, y al que no sé cuándo volveré a ver. Ni a él, ni a tantos otros. Esta mañana, al ir a coger una manzana medio pocha, me he echado a llorar. Un minuto después me estaba descojonando con un mensaje idiota que me ha llegado al móvil. Y así vamos, pasando sin transición del llanto a la risa, de la risa a la angustia, de la angustia a la esperanza, de la esperanza al miedo. Vivimos en una montaña rusa de emociones, que decía Maggie Gioberti en ‘Falcon Crest’. Otra Maggie certera. Que repongan la serie, de paso. Nunca nos hizo tanta falta Chu-Li como ahora.

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