Mi padre, El Decamerón y la peste 'bobólica'

Hace tiempo que cuando me junto con mi padre me desespero un poco. Culpa mía. Nos cuesta tener paciencia con los mayores. Me siento culpable por esa sensación, pero no la logro eliminar. El caso es que estas últimas semanas he reducido las visitas para prevenir, no sea que le vaya a pegar algo al hombre, pero como vive muy al día y algo despreocupado, pues no tiene mucho en la nevera. Prefería ir al bar. Ahora lo han cerrado. Así que fui al supermercado a comprarle unas cosas y luego nos quedamos un rato hablando. «Esto es como ‘El Decamerón’, lo de la peste», me dijo el sábado pasado. Recuerdo el libro en casa. Tapas ilustradas en tinta azul. Muy bonito. Nunca lo leí, y él supongo que tampoco mucho, pero algo sí, lo suficiente para saber que el libro de cuentos de Boccaccio comienza con la peste bubónica que arrasó Europa hacia 1350.

«Con tanto espanto había entrado esta tribulación en el pecho de los hombres y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otro y el tío al sobrino y la hermana al hermano, y muchas veces la mujer a su marido, y lo que mayor cosa es y casi increíble, los padres y las madres evitaban visitar y atender a los hijos como si no fuesen suyos». No llegaremos a tanto, seguro, como lo que describe Boccaccio. Sin embargo, siempre hay paralelismos. A veces, pequeñas diferencias. La actual no es una peste bubónica, pero está destapando mucho ‘bobónico’.

Bobos incapaces de seguir unas instrucciones claras, a los que la Policía tiene que enviar a casa o sacar de la oreja de pistas de atletismo. Bobos que aprovechan que pasean al perro para reunirse y aumentar el riesgo de contagio. Bobos que se fueron a los apartamentos de costa, o a los pueblos de interior, pensando que estaban de vacaciones. Bobos que sacan pecho y atribuyen al Consell que aquí haya menos contagios que en Madrid, algo que achacan a que allí gobierna el PP. En Murcia sigue gobernando la derecha y el coronavirus aún no ha hecho estragos. Bobos que buscan atizar al rival político al precio que sea. Bobos que transmiten bulos en los grupos de wasap sin pararse a pensar ni medio minuto.

O bobos como yo, que creen que sus padres ya no les pueden enseñar nada, porque están mayores. Sin embargo, de repente, a pesar de que tenía la nevera vacía, un abuelete sin estudios te recuerda que Boccaccio ya escribió sobre situaciones pandémicas hace casi 700 años, momentos mucho más trágicos que los actuales, aunque dudo que con tanto bobo suelto o que, al menos, tenga tantas ganas de demostrar lo que sabe antes de asumir lo poco que sabemos.

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