Los sindicatos amenazan con protestas en Italia y piden más cierres de empresas por el coronavirus

Este lunes es el primer día laborable en Italia que están en vigor las nuevas normas decretadas por el Gobierno para frenar el coronavirus y que, al menos hasta el 3 de abril, prevén el cierre de las actividades económicas que no estén relacionadas con la producción y distribución de bienes y servicios considerados esenciales. Las empresas tienen hasta el miércoles para adaptarse a la directiva anunciada por el primer ministro, Giuseppe Conte, para intentar ralentizar los contagios de Covid-19, que llegan ya casi a los 60.000 infectados, de los que 5.400 han fallecido y más de 7.000 se han curado.

Ayer se registraron casi 4.000 nuevos contagios, una cifra menor que en los tres días precedentes, lo que hace pensar a las autoridades que la pandemia podría haber pasado su pico. Según comentó Angello Borrelli, jefe de la Protección Civil y comisario especial para este emergencia, los próximos días serán determinantes para confirmar si se ha producido un cambio de tendencia. Es por ello que hay una gran expectación para conocer los datos de nuevos infectados y fallecidos, que serán comunicados por Borrelli en su habitual comparecencia diaria de las 18 horas.

La lista de sectores considerados esenciales por el Gobierno y que, por tanto, podrán mantener abierta su actividad es más amplia de lo que esperaban los sindicatos, que amenazan con protestas y huelgas porque algunos trabajadores se sienten desprotegidos ante el coronavirus. Se critica en particular que el cerrojazo no afecte al sector metalúrgico. En Lombardía, la región más afectada por el Covid-19 con casi la mitad de los infectados en todo el país, los empleados de las empresas de esa rama realizarán un paro ocho horas el miércoles. Marco Bentivogli, secretario general del sindicato Fim-Cisl, justificó la protesta porque en Lombardía «son necesarias medidas más restrictivas respecto a las actividades que pueden abrirse».

Vincenzo Boccia, presidente de la Confindustria, la patronal italiana, calculó que las nuevas restricciones aprobadas por el Gobierno supondrán el cierre del 70% del tejido productivo italiano. «El decreto nos hace pasar de la emergencia económica a la economía de guerra», aseguró Boccia, estimando en 100.000 millones de euros las pérdidas mensuales que supone el nuevo decreto anunciado por Conte.

Al primer ministro le tocó buscar un equilibrio entre las exigencias de los sindicatos, que pedían que los cierres afectaran aún a más sectores, y las presiones en el sentido contrario por parte de los empresarios. La negociación provocó que hubiera un día de retraso entre el anuncio de Conte de que habría un cerrojazo económico, realizado a última hora del sábado, y la firma del decreto, que tuvo lugar anoche.

En una entrevista con el diario turinés ‘La Stampa’ publicada este lunes, el jefe de Gobierno manifestó su esperanza de que «en los próximos días» empiece a verse un resultado de las medidas de aislamiento de la población. Fue el pasado 10 de marzo cuando entró en vigor la prohibición en todo el territorio nacional de salir de casa excepto por motivos laborales, sanitarios o de necesidad. «Mucho depende del comportamiento responsable de cada uno de nosotros: si todos respetamos las prohibiciones, si cada uno pone de su parte, saldremos antes de esta prueba dificilísima», comentó Conte.

El primer ministro consideró «ponderada» su última decisión de dejar sólo en funcionamiento las empresas de los sectores esenciales. «Somos conscientes de que está en juego la capacidad social y económica del país», dijo, asegurando que el Ejecutivo ha «ralentizado el motor del país sin pararlo completamente».

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