¿Este virus lo paramos unidos?

Dos semanas más de estado de alarma y lo que está por llegar, que no pinta nada bien. La pandemia del coronavirus está poniendo a prueba todas las costuras del Estado y la ciudadanía espera de los políticos que tengan la suficiente inteligencia para llegar a consensos. Este jueves se pondrá a prueba esto en el pleno municipal de Valencia. El lema del Gobierno, «Este virus lo paramos unidos», debe servir para algo más que una mera campaña publicitaria.

Desde que empezó la crisis, el gobierno municipal ha aprobado una serie de medias que se han adaptado al día a día de la maldita curva de contagiados y el aumento de las restricciones. Tras la primera reunión que tuvo el alcalde Ribó con la patronal los empresarios salieron claramente desencantados. Después ha mejorado algo la situación, pero esto es tan grave que obliga a repensar prácticamente todo el presupuesto municipal. Desde el Partido Popular y Ciudadanos se han lanzado ideas sobre la condonación de tasas e impuestos ante la tragedia de comercios y otras empresas con la amenaza de cierre, más si cabe con la ampliación del estado de alarma.

Frente a eso, unas cuentas en las que cada año sobran unos cien millones de euros, que pasan de un ejercicio a otro como una gran bola de nieve. ¿Es momento de rebajar las inversiones y ampliar el gasto corriente? La atención a mayores debe ser prioritaria, lo mismo que las familias abocadas al desempleo. Con las ayudas al pequeño comercio ocurre otro tanto, lo mismo que todo lo relacionado con la educación hasta mucho más allá de que acabe la crisis.

Confieso la duda. También es cierto que el Ayuntamiento forma parte de la locomotora pública que ayudará con las inversiones a sobrevivir a decenas, cientos de empresas. ¿Qué hacer entonces? La respuesta es que, se haga lo que se haga, toca hacerlo con el consenso de todos los partidos políticos.

Ya llegará el momento de la crítica, de analizar si la alerta sanitaria se lanzó tarde, de pedir responsabilidades entre otros motivos por el perjuicio causado a las Fallas. Ahora toca estar unidos, conseguir en el pleno del jueves al menos algunos consensos, pero de cuestiones competentes para el Consistorio, no tras debates estériles que acaban con una solicitud al Gobierno de que haga algo. Eso está de más.

Hoy es el primer asalto para conseguir ese pacto. Se celebra la junta de portavoces donde se podrán pactar mociones y cada partido avanzará el sentido del voto de los aspectos principales del debate. No es momento de llevar las posturas al radicalismo, sino de buscar el centro, con el propósito de beneficiar a la mayoría de vecinos.

De momento se han suprimido tasas como la de mercadillos o la de mesas y sillas de los bares, ambas suspendidas sin plazo hasta que pase este estado de alarma o de guerra, como ya se empieza a denominar. ¿Qué pasaría si el Ayuntamiento deja de ingresar algún impuesto este año? Si aumentan por ejemplo las prestaciones para las familias numerosas, mayores o las personas sin recursos. ¿Aguantarían las finanzas municipales?

Sería fabuloso que el jueves se logren un puñado de consensos en el hemiciclo, más allá de asuntos menores. Los vecinos de Valencia, como los de cualquier ciudad, necesitan de todo el apoyo con cuentas realistas, peticiones racionales de los grupos de la oposición y la elegancia de un gobierno que las admita sin aprobar una alternativa calcada para hacerla propia. ¿Lo lograrán?

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