Dos jóvenes valencianos, atrapados en una isla de Malasia: «Cogemos plátanos de la selva para comer»

A veces, estar en el paraíso puede acabar convirtiéndose en una verdadera pesadilla. Alejandro Capella, un joven valenciano de 25 años, permanece atrapado en las Islas Perhentian, en Malasia, en plena crisis sanitaria ocasionada por el coronavirus. Su viaje se produjo a mediados de enero, con destino Tailandia para finalizar un curso de instructor de buceo y trabajar en el país durante unos meses. De Koh Tao acabó en las islas en las que ahora trabajaba como profesor de buceo en un resort que, ahora, a consecuencia de la pandemia, ha cerrado. Allí se encuentra junto con otra treintena de españoles, sin una respuesta clara por parte de las autoridades de la Embajada de España sobre cómo poder volver, en su caso, a Valencia. Alejandro atiende a LAS PROVINCIAS desde el país asiático, donde asegura estar viviendo unas condiciones inexplicables. «Estamos en una isla en la que sólo se podía comer en los restaurantes de los resort, pero ahora han cerrado todos y para poder comprar alimentos hay que coger un barco taxi que te lleve a la parte continental de Malasia. El problema es que esos barcos tampoco están funcionando por la emergencia sanitaria». El joven valenciano asegura que hace unos días, en previsión de la que estaba por venir, sí pudieron acudir a un supermercado y hacer una compra grande, que ya se está agotando. «Comemos un huevo al día y cogemos plátanos de la selva», dice. Asegura que él y otro compañero, Vicente Navarro, también valenciano quieren volver a España desde hace casi una semana, cuando se endurecieron las medidas, y por esa razón, se han puesto en contacto con la Embajada y han comprado varios billetes de avión que han costeado ellos mismos. «Nos hemos pagado tres vuelos. Uno interno hasta Kuala Lumpur, otro hasta Londres y nos queda el de llegar a España. El problema es que no sabemos cómo llegar al primer aeropuerto». Y es que para poder coger el primer vuelo necesitan cruzar a la parte continental de Malasia, donde sólo se llega en barco taxi o cruzando la selva por empinadas montañas. «Según el personal de la Embajada de España, que nos trata con mucha amabilidad, está permitido cruzar en barco, pero la realidad es que la policía está poniendo multas muy gordas a quien lo intenta». De hecho, Alejandro asegura que ayer acudieron a una comisaría local para tratar de exponer su situación a las autoridades locales y presentaron su billete de avión para poder viajar. «Los policías nos pidieron dinero por hacer la vista gorda sin cogíamos un barco taxi. Querían hacer negocio con nuestra necesidad», dice. Además, la situación se agrava porque la poca comida que hay en su isla ha triplicado el precio. «Aquí hay gente que vino a trabajar y ya no le queda dinero», explica.

En Valencia, sus padres, Vicente y Loli esperan que alguien dé una solución a su hijo para que pueda volver a casa. «Quiere volver y no puede. Se ha gastado el dinero en un billete de avión que no sabe si va a poder usar». Además, asegura que por el hecho de ser españoles están sufriendo el estigma de «ser apestados» por la incidencia del COVID 19 en nuestro país. La familia, que vive días de mucha preocupación espera desde Valencia que Alejandro pueda volver a casa lo antes posible.

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