Así se hace una compra con cabeza

A medida que aumentan las cifras de afectados y fallecidos, las colas en los supermercados crecen en la misma progresión. La población, que ya no tiene la ‘inocencia’ de los primeros días, se prepara para una larga temporada de confinamiento –lo de las dos semanas iniciales ya no tiene ningún valor– y salir de casa a diario para hacer los recados en los que ahora mismo son los lugares más concurridos del país es algo a evitar en la medida de lo posible. Así que conviene tener la despensa bien surtida para no verse en la obligación de hacer tantas excursiones al exterior. Pero tampoco hay que pasarse, simplemente comprar con cabeza, más de unas cosas y menos de otras. Desde la Academia Española de Nutrición y Dietética nos dan unos consejos que nos pueden ayudar a elegir bien. «Los alimentos no perecederos son preferentes en estos casos, pero, dado que se asegura el suministro de alimentos frescos, se pueden adquirir en las cantidades necesarias, de acuerdo a la capacidad de almacenamiento en el hogar», indican los expertos, que hacen hincapié en que no se debe comprar en exceso. «En estos momentos no es sostenible, solidario ni ético», recalcan. ¿Qué diez cosas se llevaría a casa el presidente de la academia, Giuseppe Russolillo? «Pasta, arroz, harina, leche, huevos, legumbres, yogures, aceite, patatas, algunas verduras como coliflor y frutas tipo naranja o manzana», enumera. Bueno, son once. Con esta ‘minilista’ del experto, con lo que se detalla a continuación, algunos trucos y «organizando un menú semanal» es suficiente para pasar el aislamiento sin problemas.

Básicos secos

Legumbres, harina, frutos secos, semillas, frutas y hortalizas desecadas o liofilizadas, pan tostado, pasta, arroz, fideos, cuscús, bulgur, quinoa, copos de avena, trigo sarraceno, mijo… Productos de este tipo no pueden faltar en casa. No se ponen malos, son sanos, saciantes y nutritivos. Vamos, que lo tienen todo. «Es preferible que sean integrales», matizan los nutricionistas. Además, un truco: si a las legumbres les echamos arroz, conseguiremos unas proteínas de muy buena calidad, parecidas a la de la carne. Así que a mezclar.

Conservas, aceite y leche

Hay alimentos en lata o embotados que nos pueden ayudar mucho en esto de equipar bien la despensa. En estos formatos encontramos legumbres y verduras. También conservas de sardinas, atún, mejillones o pulpo, «mejor al natural o en aceite de oliva virgen extra», que son una buena forma de comer pescado y moluscos. Pero, ojo, estos productos tienen mucha sal. Si los va a tomar con mucha asiduidad, mejor pasarlos por el grifo un poco para que se les vaya una parte. También con caducidades largas podemos encontrar leche, bebidas vegetales, gazpacho o salmorejo. Y un básico clave: el aceite de oliva, tanto para cocinar como para aliños. Tampoco nos olvidemos de vinagre, sal y alguna especia para ‘cambiar’ el sabor de las preparaciones y ‘alegrarlas’ un poco. Hay que intentar que la comida no aburra.

Congelados sí, pero no empanados

En la sección de congelados del súper hay de todo. ¿Hay que evitar algo? «Sí, cosas como las varitas de pescado, los filetes empanados o las croquetas. ¡Hay que intentar que el único ingrediente sea la carne o el pescado!», advierten los nutricionistas.

Productos frescos para congelar

Todo lo que se pueda congelar es bienvenido, como el pan, la carne, el pescado y el marisco. «También algunas verduras y hortalizas, previamente escaldadas: calabacín, berenjena, brócoli, coliflor, judías verdes o champiñones», enumeran. Todos estos alimentos aguantan bien bajo cero.

Frutas y verduras frescas

¿Hay que comprar? Sí, pero en cantidades razonables y de las variedades que más duran. Por ejemplo, entre las frutas, los cítricos aguantan mucho tiempo, lo mismo que las manzanas, y las hortalizas de la familia de la col (berza, coliflor) también, igual que las patatas.

Salvo los quesos curados, que aguantan mucho y no necesitan refrigeración, los productos lácteos están muy marcados por la caducidad. Así que de este tipo de alimentos es mejor comprar poca cantidad para no tener que acabar tirándolos. Es decir, no acumular demasiado o elegir bien para llevarnos los que mas duren.

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