Una internacional forjada en el patio del colegio

Primero Emilio, y más tarde Gabriel, reservaban en un rincón del cuarto del material del colegio de El Pilar una pelota de baloncesto. En él escribieron la palabra ‘Vega’. Sabían que todos los días, después de cumplir con sus tareas académicas, aquella niña de diez años iba a aparecer, sonriente, junto a su padre. Esas tardes, en soledad, o como miembro improvisado de cualquier equipo del centro, Vega Gimeno, sintió que se le iba inyectando «en vena el deporte»: «Y el espíritu celeste de El Pilar». La internacional sigue emocionándose cuando piensa todo lo que vivió en aquel patio del colegio: «Nunca he vuelto a sentir aquello, ese sentimiento de equipo, con mis amigas. He ganado mucho pero esa sensación es increíble».

El palmarés de la jugadora del Mann Filter de Zaragoza es envidiable. Pero no son sólo sus logros deportivos los que la hacen ser referente. Cuando Vega recorre cada etapa de su vida profesional, habla de la experiencia, del “orgullo” y el “privilegio” de hacer crecer y crecer junto a un deporte, el 3×3; hace hincapié esta valenciana en el aprendizaje personal, pero a lo que más minutos dedica es a agradecer a las personas que le ayudaron en cada momento y a quienes nunca ha vuelto a soltar la mano. Sus compañeras en El Pilar, de sus padres, quienes le han dado “los mejores consejos” de su vida: “Siempre han sido muy generosos conmigo. No es fácil dejar marchar a una hija con 14 años a Barcelona para que se forme. Ellos siempre tienen razón… aunque lo niegue”, bromea. A medida que se ha hecho “mayor”, en ese círculo de confianza también se encuentra su hermano o Ana Junyer, la seleccionadora nacional de 3×3, quien confió en ella desde el principio. Un compromiso al que Vega siempre ha respondido: “Sobre todo el principio, no fue fácil. Estoy súper orgullosa por creer desde siempre en un deporte por el que muy poca gente daba un duro. Sólo la idea de poder jugar un preolímpico me pone la piel de gallina”. Tuvo dos lesiones de ligamento cruzado, una con 21 años y otra con 26: “Significaron tiempo de mejora, aunque suene extraño”. De la última, Vega está “agradecidísima” a sus fisios Joan, de Valencia, y a Alicia, de Zaragoza, también a su preparador físico Isaac: “Tres personitas increíbles”, concluye.

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