Sánchez anuncia que «llega la ola más dura» pero no ordena nuevas medidas

Pedro Sánchez se dirigió anoche a la nación para anunciar que «la ola más dura, la más dañina» de la epidemia llegará la próxima semana y «pondrá al límite» las capacidades del sistema sanitario para aguantar el embate. Una semana después de decretar el estado de alarma, dibujó un futuro pesimista, pero en contra de lo esperado no anunció nuevas medidas en lo que refiere al confinamiento de la población ni en otros aspectos preventivos.

El presidente del Gobierno no se anduvo con paños calientes en un mensaje de más de 40 minutos para describir la situación aunque evitó ordenar restricciones adicionales para la población porque España ya ha adoptado «las medidas más drásticas de Europa y el mundo» para hacer frente a la pandemia del coronavirus, que ayer disparó todas las cifras negativas. Pero a pesar de la dureza de esas disposiciones preventivas, reconoció, «desgraciadamente España se encuentra entre los países más afectados del mundo. Ya han fallecido 1.326 compatriotas».

Con un tono que no enmascaró el dramatismo, advirtió de que con ser duro todo lo vivido esta semana, «lo peor» está por llegar, y lo hará la próxima semana porque van a repuntar las cifras de contagiados y fallecidos, y se pondrán a prueba las costuras del sistema sanitario.

El anuncio del nuevo mensaje del presidente del Gobierno había disparado las expectativas de nuevas medidas, como el cierre absoluto de Madrid, que no lo ordenó aunque cuando reconoció que la situación más grave está en Madrid, Cataluña y País Vasco pareció que iba a hacerlo en estos tres territorios. Tampoco anunció más disposiciones para limitar más los movimientos de los ciudadanos.

Nada de eso se materializó, en cambio defendió su gestión de la crisis, alabó la labor de los sanitarios, de las Fuerzas Armadas, de la Policía, Guardia Civil y, sobre todo, agotó el catálogo de agradecimientos a los ciudadanos por su disciplina en el confinamiento. «La respuesta -enumeró- ha sido modélica, conmovedora, esperanzadora, muy positiva».

También reiteró su llamamiento a la unidad tanto de «los responsables políticos» como la de Gobierno con las comunidades. No va a haber controversias, garantizó, en la videoconferencia con presidentes autonómicos que va a celebrar hoy pese a las andanadas de los gobernantes de Cataluña y Madrid, Quim Torra e Isabel Díaz Ayuso. «Nadie de mi Gobierno -subrayó- va a polemizar» porque «el deber es mantener la unidad ante el único enemigo, que es el virus».

Pero por si acaso, defendió a capa y espada su gestión y la de sus colaboradores ante la pandemia, «una catástrofe para la que la humanidad no estaba preparada». Desgranó como un tendero a la vieja usanza las compras de material sanitario, desde mascarillas a test y respiradores, las cifras de personal movilizado, el consumo de electricidad, el crecimiento del tráfico en internet (más del 80%) y los kilómetros de fibra óptica, la caída del consumo de combustibles, y la disminución de los desplazamientos en tren y automóvil. Agotador. Sobre todo porque todos esos datos lo habían desgranado en las últimas horas sus colaboradores en la Moncloa.

Tiempo para la vacuna

Pero el meollo de su intervención se dirigió a avisar y preparar a la población porque lo «más duro» de la pandemia aún no ha llegado, y por eso hay que insistir en las medidas preventivas adoptadas. Sobre todo el confinamiento. «Necesitamos conseguir tiempo», dijo en repetidas ocasiones. Ganarlo para aliviar la situación en los centros sanitarios y para que la multitud de estudios y experimentos científicos desarrollen la vacuna que anule al coronavirus. Ese tiempo, subrayó con el puño cerrado, solo se logra con la disminución de los contagios. «Cada contagio que no se produce rompe la cadena» de la enfermedad, dijo con igual énfasis.

Afirma en su mensaje que la pandemia es «una catástrofe para la que la humanidad no estaba preparada»

El presidente fue del blanco al negro en muchos pasajes de su mensaje. Tras exponer malos augurios y dar malas noticias, a continuación pasaba a elogiar el comportamiento ciudadano y a dar inyecciones de moral. «Esto va a pasar, y va a pasar muy pronto», dijo tres veces sin fundamentar en datos ese optimismo. Solo lo fió a la «ejemplar» actitud de los ciudadanos y a la eficacia del sistema sanitario. Sus palabras, sin embargo, habían despertado el escepticismo de muchos ciudadanos, que a las nueve de la noche (hora prevista para que empezara el mensaje) le regalaron una sonora cacerolada e en varias ciudades.

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