Podemos busca recuperar la iniciativa frente al PSOE en la crisis del coronavirus

La crisis del coronavirus ha sepultado la vida política cotidiana del país. Con el Congreso prácticamente sin actividad, la economía funcionando en modo de guerra y todos los ministerios trabajando conjuntamente en el objetivo de «doblegar la curva de contagios», las rencillas que surgieron en el Gobierno de coalición durante febrero fueron borradas de un plumazo. Sin embargo, la centralización de la gestión de la crisis sanitaria en cuatro ministerios controlados por el PSOE (Sanidad, Interior, Defensa y Transportes) ha restado un protagonismo político a Unidas Podemos que ahora intentan recuperar.

La formación morada puso en marcha a lo largo de esta semana una fuerte campaña en redes sociales para reflejar las medidas que, consideran, son mérito suyo. Es el caso del llamado «escudo social», una serie de estímulos económicos que Unidas Podemos puso sobre la mesa del Consejo de Ministros para «proteger a los trabajadores o a las familias con menos recursos» o que los vieran mermados por esta crisis. «Tras mucho trabajo hemos logrado aprobar en el Consejo de Ministros un ‘Escudo Social’ contra el Coronavirus para proteger a la gente trabajadora, autónomos, empresas y familias del impacto de la enfermedad. Seguimos trabajando en más medidas para los próximos días», defendió el vicepresidente de Derechos Sociales, Pablo Iglesias.

Sin embargo, la imagen proyectada por el Gobierno desde el pasado sábado, con el anuncio en pleno horario de ‘prime time’ para decretar el estado de alarma, es la del prescindente del Gobierno, Pedro Sánchez, que se está mostrando como el líder de la gestión de la crisis.

En Unidas Podemos se sienten ninguneados y buscan recuperar la iniciativa poniendo en valor las propuestas sociales de Iglesias, la ministra Yolanda Díaz, y sus respectivos secretarios de Estado. Con un perfil más bajo se mantienen los departamentos morados de Igualdad, liderado por Irene Montero, que guarda reposo tras dar positivo por COVID-19 el pasado 12 de marzo; el de Consumo, que ostenta Alberto Garzón; y el de Universidades, con Manuel Castells al frente. Estos dos últimos, además, se ven lastrados en la tormenta por sus limitadas competencias para paliar los efectos de la pandemia.

Precisamente, los positivos de Montero y de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, levantaron muchas dudas sobre la conveniencia de que sus parejas -que han dado negativo en los tests de la enfermedad- siguieran manteniendo una agenda presencial y ofreciendo comparecencias mientras se recomendaba al resto de la población respetar una cuarentena de 14 días en caso de haber estado en contacto con un contagiado. El pasado viernes, Fernando Simón, director del Centro de Alertas Sanitarias, salió al paso de la polémica explicando que los protocolos de Sanidad son flexibles para casos concretos. «Los documentos que están elaborados prevén ciertas excepciones que son razonables», añadió.

El miedo al segundo plano

Desde que se decretó el estado de alarma, Iglesias ha participado en un Consejo de Ministros y ofrecido una rueda de prensa junto al ministro de Sanidad, Salvador Illa. Sánchez, por su parte, ha hecho lo propio, pero además lanzando dos mensajes a la nación, en la línea de otros presidentes europeos. Incluso el líder de la oposición, el popular Pablo Casado, también teme permanecer entre bambalinas mientras se desata la peor crisis sanitaria del siglo en España, y comparece periódicamente desde una vacía sede de la calle Génova. Los políticos hacen hoy más válida la frase atribuida en los años 90 al entonces vicepresidente socialista Alfonso Guerra de «el que se mueve, no sale en la foto».

El pasado viernes, Iglesias mantuvo un encuentro telemático con los responsables de los Servicios Sociales de las comunidades autónomas, a los que transmitió que «en esta guerra todos combatimos del mismo lado independientemente del partido en el que militemos». Una ocasión para hacer valer sus competencias, pero en un contexto de alarma constante -no solo por las consecuencias del decreto-, el mensaje suele quedar opacado de inmediato por el siguiente sobresalto.

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