Los expertos de la 'patrulla' anticoronavirus

Los miembros del comité de seguimiento del coronavirus se han convertido en una imagen familiar en millones de hogares. Cada mañana, a las 11:30 horas, ofrecen el balance de la crisis sanitaria, las medidas tomadas por los cuerpos policiales y el Ejército y las novedades relativas al funcionamiento del transporte público. Su emisión duplica la audiencia habitual a esa hora de la franja televisiva con 1.500.000 espectadores de ‘share’ en TVE, según datos de Kantar Media.

Este grupo de expertos técnicos representa a los ministerios que el Gobierno puso a los mandos de la crisis: Sanidad, Interior, Defensa y Transportes. Lo componen los directores adjuntos operativos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, José Ángel González y Laurentino Ceña; el director del Centro de Alertas Sanitarias, Fernando Simón; el jefe del Estado Mayor de la Defensa, general Miguel Villarroya; y la secretaria general de Transportes, María José Rallo.

Todos los días repiten con machaconería el mensaje de que es crucial «doblegar la curva de contagios», concienciar a los ciudadanos para «resistir» el confinamiento y coordinar las actuaciones sanitarias y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Fernando Simón | Director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias

El hombre que enseña sobre los virus

Su cara se hizo familiar hace cinco años y medio. Los medios hablaban de los estragos del ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea. La noticia sonaba lejana, parecía una de esas pandemias típicas del continente africano. Pero el problema se convirtió en doméstico cuando dos misioneros españoles se contagiaron y pidieron la repatriación. El Gobierno, presidido entonces por Mariano Rajoy, los trajo y fallecieron en el madrileño hospital Carlos III. Tras un momento de zozobra comunicativa, fue Fernando Simón quien empezó a dar los datos de esa enfermedad.

El médico aragonés, de 59 años, hijo de un reputado psiquiatra, licenciado por la Universidad de Zaragoza y que después se formó en la London School of Hygiene and Tropical Medicine, mostraba tranquilidad y explicaba de forma didáctica las consecuencia del ébola. Más si cabe con el contagio de la enfermera Teresa Romero.

Simón es desde 2012 el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, aunque está vinculado a ese departamento desde su nacimiento hace más de tres lustros.

Antes estuvo trabajando por medio mundo, sobre todo en África, donde pasó nueve años con su familia. Está casado con la investigadora María Romay-Barja, actual ‘community manager’ de la Red de Investigación Cooperativa en Enfermedades Tropicales y tienen tres hijos. En Burundi, en el hospital Ntita, realizó operaciones en unas condiciones y con un material que hacía mucho tiempo que no se veía en un centro médico occidental. Siempre con la tranquilidad que le caracteriza, según señalan quienes le conocen.

Pero con la crisis del COVID-19, su imagen se ha deteriorado. «Ha pecado de optimista. O mejor dicho, de ver con optimismo las cifras que tenía en esos momentos», señalan expertos en virología y epidemias. Simón aseguró el 31 de enero, como señalan sus críticos, que España solo iba a tener «como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». «Esperemos que no haya transmisión local», indicó Simón ese mismo día.

«El nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado», afirmó el 9 de febrero. Solo cuatro días más tarde, moría en Valencia un hombre de 69 años por culpa de una neumonía. Hasta el 5 de marzo no se supo que había estado afectado por el coronavirus. Después llegó la eclosión de casos que ha llevado al país al confinamiento y a mantener el distanciamiento social.

Información de Daniel Roldán

José Ángel González | Director adjunto operativo de la Policía

El rostro que vino tras el escándalo

Desde luego José Ángel González Jiménez nunca fue designado para que su rostro estuviera todos los días en los telediarios. Más bien, justo lo contrario. Su nombramiento en realidad perseguía devolver a la figura del director adjunto operativo de la Policía Nacional al anonimato tras los convulsos años de la denominada ‘policía patriótica’ en la que este puesto fue la piedra de bóveda de una estructura parapolicial.

González, hasta que el coronavirus le ha colocado en las portadas, era simplemente el sucesor. El sucesor de Eugenio Pino, el todopoderoso DAO, hoy imputado, acusado de haber puesto en marcha todo tipo de iniciativas turbias para desacreditar a rivales políticos en la época de Jorge Fernández Díaz como ministro del Interior.

Juan Ignacio Zoido se abstuvo de nombrar a un nuevo DAO para borrar la imagen dejada por Pino y cortó por lo sano. Hizo desaparecer del organigrama ese puesto clave. Y es fundamental porque es la persona que dirige el cuerpo, el uniformado con más poder de la institución. Fernando Grande-Marlaska, sabedor de lo vital que es esa figura para el funcionamiento diario de la Policía, la recuperó en agosto de 2018, al poco de llegar al cargo, y pensó en González, un hombre con una carrera profesional abultada y, sobre todo, ajeno a las luchas intestinas y escándalos como el de las actividades del comisario José Villarejo que habían arrastrado el nombre de la institución por el lodo.

González, comisario desde hace 20 años, fue el mando policial que el pasado jueves avisó a la ciudadanía de que la fase de «pedagogía» a la ciudadanía sobre las restricciones de movimientos durante el estado de alarma se habían acabado y que comenzaban, ya en serio, las multas y las detenciones.

Este riojano (nacido en Aguilar del Río Alhama) ingresó en 1984 como teniente de Policía Nacional en la Academia General Militar de Zaragoza. La mayor parte de su carrera ha estado ligada a los unidades de antidisturbios. Comenzó su andadura en el cuerpo destinado en las entonces denominadas Compañías de Reserva General, reconvertidas en 1991 en las Unidades de Intervención Policial. Durante 16 años fue el responsable de la VII Unidad de Intervención Policial, el grupo de antidisturbios con base en Valladolid.

Información de Melchor Sáiz-Pardo

Laurentino Ceña | Director adjunto de la Guardia Civil

Un teniente general con mano izquierda

Laurentino Ceña Coro llegó a la cúspide a la Guardia Civil en agosto de 2018 por decisión personal de Fernando Grande-Marlaska. Es verdad que su designación como director adjunto operativo (DAO) del cuerpo no chirrió a nadie. Por escalafón, Ceña, teniente general desde 2016, estaba entre los candidatos con más posibilidades, pero al ministro le gustó particularmente lo que le contaron de él: que era un militar con mucha mano izquierda y conocedor de la realidad catalana puesto que entre 2002 y 2007 estuvo al cargo de Comandancia de Tarragona, además de haber sido profesor en la academia de Sabadell.

Este guardia civil, hijo de guardia civil, cumplió las expectativas de Grande-Marlaska, dicen en Interior, sobre todo el pasado otoño, durante la crisis de seguridad que se desató en Cataluña a raíz de la sentencia que condenó a los líderes del ‘procés’. Ceña fue uno de los miembros de las fuerzas de seguridad del Estado en el Centro de Coordinación (Cecor) instalado en la Consejería de Interior de la Generalitat para enfrentar los graves disturbios desatados tras el fallo.

Explican que «hizo lo indecible» por explicar en el cuerpo que en Interior preferían que la Policía Nacional llevara el peso del despliegue junto a los Mossos porque la presencia de la Guardia Civil en las calles en el cuerpo a cuerpo con los violentos podía atizar el conflicto.

Su mano izquierda, apuntan, fue clave también para que el general Pedro Garrido, el jefe de la Guardia Civil en Cataluña, no echara más leña al fuego con sus encendidos y polémicos discursos públicos en los que prometía que el cuerpo «combatiría si tregua ni pena» a los que «recorran el camino a la independencia siguiendo la senda del terror».

Sus colaboradores más cercanos apuntan que desde que se declaró el estado de alarma sus obsesiones son tres: acabar con los bulos que inundan las redes sobre la expansión de la pandemia, llevar al extremo la persecución a los desaprensivos que intenten acumular o especular con material sanitario e impedir a toda costa los movimientos de ciudadanos innecesarios.

Está llevando muy mal anímicamente la muerte de los primeros agentes del cuerpo por la pandemia y, señalan, se emocionó el viernes cuando vio el vídeo de los ertzainas en Vitoria dando el pésame a la Guardia Civil por el fallecimiento de sus agentes.

Información de M. S. P.

Miguel Ángel Villarroya | Jefe del Estado Mayor de la Defensa

El ardor guerrero del general de Robles

En una situación tan excepcional como un estado de alarma, con las libertades de movimiento restringidas por decreto, el militar que trata de levantar todas las mañanas la moral de los «soldados» civiles españoles, es el general de división Miguel Ángel Villaroya.

Con su uniforme del Ejército del Aire, en el que destacan las cuatro filas de condecoraciones en la pechera, este tarraconense de La Galera se ha erigido en la cara visible de las Fuerzas Armadas en la crisis sanitaria. Hombre próximo a la ministra Margarita Robles, no en vano le nominó en enero pasado como jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), las intervenciones del general Villarroya, aún pudiendo rechinar en muchos hogares por su lenguaje castrense, buscan precisamente mantener el ánimo alto ante el duro trance mental de la cuarentena.

El ardor guerrero de Villarroya se derrama cada mañana por el atril de la sala de prensa del Palacio de la Moncloa, una vez finaliza la reunión del comité técnico del que forma parte. «En esta guerra irregular y rara que nos ha tocado vivir o luchar, todos somos soldados»; «hoy es viernes en el calendario, pero en estos tiempos de guerra o crisis, todos los días son lunes»; «me van a permitir que aproveche mis 40 años de servicio en este marco de una contienda bélica sin armas para ofrecerles algunos consejos en base a los valores militares: disciplina y espíritu de sacrificio. Esto nos va a venir muy bien en estos días».

Genio y figura, el general del Aire acumula una dilatada carrera desde que se incorporó a su primer destino en 1981. En los ochenta ascendió a capitán y comandante en el ALA 31 de Zaragoza; en 1996 fue destinado al Cuartel General del Mando Operativo Aéreo; luego se fue como teniente coronel al 45 Grupo de Fuerzas Aéreas de Torrejón, que dirigió en 2005; pasó de coronel a general en 2011 en el Estado Mayor del Aire y, tras dirigir el Mando Aéreo de Canarias, entró en 2017 en la dirección del gabinete técnico de Defensa, con la ministra Dolores de Cospedal.

Pese al cambio de Gobierno, Robles le mantuvo y en enero pasado le dio su máxima confianza al elegirlo Jemad. De 62 años, Villarroya está casado, tiene dos hijos y tres nietos. Si hay una condición que le define es su talante positivo: «Sabemos que vamos a vencer, pero esto es imprescindible que lo asumamos».

Información de Mateo Balín

María José Rallo | Secretaria general de Transportes

Los esperados datos de la escasa movilidad

María José Rallo está al frente de la Secretaria General de Transportes del Gobierno de Pedro Sánchez desde la moción de censura de 2018, pero, como suele ocurrir con los segundos escalones ministeriales, no era una cara conocida para los españoles. Al menos hasta ahora. Rallo se ha convertido en solo una semana en una de las autoridades en las que millones de españoles confían cada mañana para obtener más datos sobre el avance en la evolución de la crisis del coronavirus.

Nacida en Castellón en 1971, se licenció en Ingeniería de Caminos en la Universidad Politécnica de Madrid y pertenece al cuerpo de Ingenieros de Caminos del Estado desde 1998. Ha desempeñado toda su carrera profesional en el Ministerio de Transportes, donde el titular del ramo, José Luis Ábalos, confió en ella para la Secretaria General.

Nunca los datos de movilidad de viajeros habían tenido tanta relevancia para la población, que cada mañana escucha atenta cuántas personas siguen moviéndose en metro, en trenes de cercanías, de larga distancia o avión. Unas cifras que cada día van disminuyendo para alivio de todos. Nunca el Ministerio se había alegrado tanto por cómo de libres van los vagones y los autobuses, normalmente atestados de ciudadanos, sobre todo en las grandes ciudades.

Pero su responsabilidad no ha estado libre de polémica, en especial en los primeros días de estado de alarma, cuando el transporte público seguía presentando aglomeraciones, según denunciaron varios vídeos testimoniales, mientras que desde el Ministerio de Transportes aseguraban que no era así. Al final de la semana, con toda la situación más bajo control por la mayor afluencia de trenes, la secretaria general del ramo aseguró que ya no se estaba produciendo «ningún» episodio de aglomeraciones porque la demanda se ha desplomado hasta ser de solo un 25% respecto a lo normal.

Rallo, que tiene un máster en Análisis y Gestión de Políticas Públicas por la Universidad Carlos III de Madrid, antes de su actual cargo desempeñó, entre otros, los puestos de jefa del gabinete técnico de la Secretaria General de Transporte, fue subdirectora general de Estudios y Proyectos de la Dirección General de Carreteras y vocal asesora del gabinete del secretario de Estado de Infraestructuras y Planificación.

Información de Edurne Martínez

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