La pandemia que ahoga a toda la sociedad valenciana

valencia. La irrupción del coronavirus en la Comunitat Valenciana ha sido como una inundación: empieza poco a poco y cuando te das cuenta las plantas bajas y garajes están anegados. Y lo peor, aún queda por llegar la riada. Esta inundación de Covid-19, con estado de alarma incluido, se lleva por delante el pequeño comercio tradicional, con el 80% de locales cerrados, y los que están abiertos que no son de alimentación se encuentran casi sin actividad. La sanidad se ha volcado en atender a los cientos y cientos de casos (ayer rozaban los 1.400 y medio centenar de muertos en la Comunitat Valenciana) y en tareas de higiene y prevención, con lo que las actividades que no se consideran urgentes han quedado postergadas. Eso supone que las listas de espera, tanto en operaciones como en visitas a especialistas, se disparan. Las residencias de mayores son uno de los grandes focos de riesgo de esta epidemia y la han afrontado sin estar preparadas. El transporte público ha caído un 80% por las restricciones de movilidad y reducido su oferta. El confinamiento ha reducido en un 80 % el uso del vehículo privado, según el Ayuntamiento de Valencia, y consecuencia de ello, a priori, han disminuido los niveles de contaminación, aunque también puede haber contribuido la lluvia y el viento. La Justicia también está funcionando bajo mínimos. Y en la Educación, con los niños en casa, el sector del transporte escolar tiene una actividad nula, así como las empresas proveedoras de los comedores y el de las actividades extraescolares. Quienes están dando el do de pecho en esta crisis son los profesionales sanitarios, con jornadas maratonianas y en muchas ocasiones sin los medios suficientes para protegerse, fuerzas de seguridad, militares, transportistas y quienes trabajan de cara al público. Todos ellos se encuentran en primera fila expuestos al contagio.

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