El Valencia y su futuro incierto

El Valencia ha cumplido 101 años. Sigue vivito y coleando pese a que, por incompetencia, muchos han opositado para cargárselo. El club de la afición más fiel de España, el equipo que ha tenido como futbolistas a mitos como Kempes, Mundo, Claramunt, Puchades, Albelda o Villa, la entidad social más importante de la Comunitat. Pero cuando hay mil variantes para elogiar al Valencia, el pueblo no encuentra los motivos. Pasó el centenario con más pena que gloria. Sólo la iniciativa de los exfutbolistas, con Fernando Giner a la cabeza, dio un poco de lustre a la efeméride. Para el club fue una molestia. Ni supo qué hacer ni puso ganas. En un año que dejó un título de Copa del Rey, con una plantilla estabilizada, con un cuerpo técnico eficaz y con una dirección deportiva coherente. Todo se fue por el sumidero. Atribuyendo para el fútbol lo que se dijo para la política, «en Valencia nunca acaba la fiesta». Pero en una de las peores épocas de la sociedad, con una epidemia que deja ya más de mil muertos en España, también se abren rendijas a la esperanza. Esos aplausos vecinales para mostrar el orgullo que sentimos todos hacia los sanitarios que nos cuidan, esos motivos para relacionarte con vecinos con los que no habías cruzado más que un «buenos días» en el ascensor, esa sensación de unidad ante lo que se nos ha venido encima. El Valencia tiene que dar las gracias por los seguidores que tiene. Gente acérrima que toma Mestalla cada partido pese a la infame megafonía, pese a un palco alejado de la realidad y pese a un banquillo sin merecimiento para ocuparlo. Y tiene que sostenerse en sus activos. Aunque la plantilla está descompensada, sin un recambio para Parejo y sin un central que ocupe el puesto del lesionado Garay -hola César Sánchez, ¿estás ahí?-, cuenta con futbolistas de calidad suprema. Y tiene futuro. Mucho. Renovado Carlos Soler, ahora falta el esfuerzo necesario para que Ferran Torres no emigre. Siempre dentro de un orden lógico, el club tiene que hacer lo posible y lo imposible por anclarlo a Mestalla. Con Soler, con Ferran, con Kang In, con Gayà y las aportaciones más que valiosas de Parejo o Coquelin, la certidumbre en este equipo es obligada. En días donde debe reinar el optimismo, el Valencia también debe tenerlo. Pero la planificación será vital. Hay que cuidar Paterna -no se entienden las reticencias en renovar a Guillamón cuando ha sido un futbolista vital en las categorías menores de la selección española, algo tendrá el chico cuando todos en Las Rozas confían en él-, apuntalar la plantilla con fichajes necesarios y que aporten, y mantener la columna vertebral. Con un entrenador entrenado, el Valencia tiene futuro. Yo confío.

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