El campo no cierra, pero tiene muchas dudas

Todos los días se suceden homenajes y sinceros reconocimientos hacia colectivos profesionales que están en primera línea de esta guerra contra la epidemia. La población confinada dedica desde balcones y ventanas espontáneas oleadas de aplausos a quienes soportan en mayor medida el peso de esta situación y también mayores riesgos.

En primerísima línea, desde luego, el personal sanitario. Y no hace falta reiterar lo que todos tenemos muy asumido, incluidas la incomprensible falta de medios, a estas alturas, que intentan suplir redoblando esfuerzos.

Aplaudimos a las tiendas de alimentación, panaderías y supermercados, que son de los pocos establecimientos que permanecen abiertos, naturalmente, porque no podría ser de otra manera; tenemos que comer, de modo que la normativa prevé que sigan en marcha los comercios de primera necesidad, como las farmacias, y también los quioscos, porque los periódicos son más precisos que nunca; hay que estar bien informados.

La comida depende de agricultores que tropiezan con dificultades que deberían flexibilizarse

Y en la relación de actividades que siguen en pie, afortunadamente, están las del transporte de mercancías, la distribución de lo que se produce y ha de llegar hasta los puntos de venta a la ciudadanía, la auténtica columna vertebral que mantiene la cadena en marcha. Y eso que los camioneros están pasando apuros muchas veces, porque no cuentan con servicios en las carreteras y autovías, salvo las gasolineras. No tienen dónde parar a comer, se lo tienen que montar como pueden, y lo más grave es que muchas veces no encuentran modo de descansar y dedicar un rato para sus necesidades de aseo personal.

La lista de lo que sigue en marcha es sin duda mucho más larga, pero queremos destacar aquí a un colectivo amplísimo que, por estar geográficamente disperso y quedar habitualmente más lejos de las ciudades, cuenta con menor visibilidad. Es el de los agricultores y ganaderos que siguen trabajando en sus explotaciones, a menudo con dificultades por carencias y restricciones que acaban salpicando su actividad, y cuya labor permanece casi en el anonimato, como una ‘Quinta columna’ que se sabe que está pero no se hace ver, cuando lo cierto es que nuestra alimentación viene en primera instancia del campo. Un campo que no cierra, que no puede cerrar, porque nos nutre; que estaba en unas protestas que han quedado aparcadas, superadas por las circunstancias; que no necesita aplausos y que, pese a ser imprescindible, no está en las normas que facilitan actividades y traslados necesarios. Porque muchos agricultores y granjeros trabajan hoy con dudas y temores, ya que tropiezan con dificultades y problemas de controles que deberían flexibilizarse por el bien general.

Leave a Reply