Algo peor que ser inoportuno

Existen muchísimas formas de ser inoportuno. Incontables. La de los diputados de Les Corts es una de ellas. El francotirador les contó el pasado martes en estas mismas páginas que la Mesa del Parlamento valenciano había acordado a finales de febrero activar una subida de sueldo del 2% para los diputados, en línea con la aprobada para todos los funcionarios. En total, 128.000 euros más para nuestros diputados -que se repartirán este 2020 más de 6 millones de euros en sueldos-, justo cuando asomaba ya en el calendario el mes de marzo, con el parón obligado de las Fallas y la Semana Santa. El momento para hacer realidad ese incremento de retribuciones ya era en sí poco afortunado. Lo que llegó después, con el coronavirus convertido en pandemia y el estado de alarma decretado, fue la publicación del acuerdo en el Boletín Oficial. Es decir, mientras las administraciones públicas comprometían cantidades multimillonarias de dinero para combatir el virus, para tratar de contener esa curva ascendiente de contagiados y muertos, los parlamentarios autonómicos no tenían mejor ocurrencia que poner, negro sobre blanco, sus nuevos emolumentos. Y luego habrá quien diga que no entiende el creciente desapego de la sociedad con sus representantes políticos. Miles de españoles reconociendo con aplausos a un personal sanitario y de emergencias asfixiado por la falta de recursos para hacer frente al virus, y otros pendiente de su sueldo. Ayer, a la vista del impacto social de la noticia, algunos grupos políticos cayeron en la cuenta del patinazo y se apresuraron a renunciar a la subida. Más vale tarde que nunca. A otros, en cambio, lo que pareció sentarles mal es que este periódico hubiera contado el acuerdo para subirse el sueldo. Claro, porque ya se sabe que los medios de comunicación son buenos o malos en función de si cuentan o no lo que interesa en cada momento… Que haya miles y miles de trabajadores afectados por expedientes de regulación de empleo, sean o no temporales, empresas obligadas a cerrar por el parón de la actividad económica resulta secundario. Que el miedo se haya instalado en la gente -el principal problema que va a dejar este episodio-, ya no únicamente por el impacto del virus, sino por sus devastadoras consecuencias económicas, o que algunos responsables políticos traten de aparentar liderazgo tras haber entendido tarde, mal y nunca la gravedad de la situación, es intrascendente. Ahora lo importante es subirse el sueldo y por supuesto que nadie se entere. Pues mala suerte. El virus nos ha afectado, y mucho. Pero no nos ha dejado mudos.

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