Adiós a Lorenzo Sanz, un luchador tenaz

«Estamos orgullosos de ti, lo que tú has conseguido saliendo de una familia humilde no lo hace…», escribió hace unos días uno de sus cinco hijos, el exjugador de baloncesto Lorenzo Sanz Durán, cuando ya se esperaba el fatal desenlace, después de que el delicado estado de salud del expresidente del Real Madrid se agravase al día siguiente de ser ingresado en la UCI por coronavirus. El padre de Lorenzo Sanz Mancebo, fallecido este sábado a los 76 años, fue boxeador, guarda jurado en el Retiro y carpintero, y trabajaba 16 horas diarias para sacar adelante a diez hijos. De él aprendió la responsabilidad y la capacidad de sacrificio, hasta convertirse en el máximo dirigente del club de sus amores.

Cuando Lorenzo Sanz perdió a su primogénito siendo muy joven, le tocó a él, el mayor, tomar las riendas de la familia y cuidar de sus nueve hermanos. Empezaría como botones una escalada imparable y llegó a amasar una gran fortuna personal, aunque, como tantísimas veces ocurre en la vida, más dura fue la caída. Con sólo siete años, quien llegara a ser triunfante empresario, vendía con su abuela agua en el Santiago Bernabéu. En Chamartín disfrutaría después, pagándose la entrada con las propinas que le daban como mozo de peluquería, del fútbol de Alfredo Di Stéfano.

Luchador tenaz, sin tener estudios superiores, se lanzó al mundo de los negocios, comenzando por una imprenta en la que se crearon los carteles publicitarios de la candidatura de otro madrileño castizo de pro, Ramón Mendoza, con quien forjaría una gran amistad. Formó parte de la junta directiva de Mendoza, a quien el «tiburón desleal», como le calificaría el también fallecido expresidente, sucedió en el cargo, gracias a un ‘golpe de Estado’, en 1995. Hasta el año 2000, cuando tras ganar el Real Madrid la ‘Séptima’ y la ‘Octava’, perdió las elecciones ante Florentino Pérez tras las denuncias de un medio de comunicación que acabó con su mandato al acusarle de ‘meter la mano en la caja’ del Real Madrid. Se aseguró que se jugaba el dinero de la recaudación de los encuentros en partidas de póker con Jesús Gil.

«Eso es absolutamente falso. Esa fue una invención malintencionada por parte de un directivo malintencionado y de la cual se hizo eco un redactor malintencionado», insistía quien también era, como el expresidente del Atlético de Madrid, amante de la buena mesa e ingenioso emprendedor que no dejó de ver crecer los números de sus cuentas hasta que se estrelló. «Yo nunca he pensado en el dinero», proclamaba Lorenzo Sanz, amante del orden y la disciplina y detenido en 2008 por un presunto delito de estafa, por supuesta «ilegalidad» de sus actividades empresariales, dedicadas a la especulación inmobiliaria, a la construcción y al negocio caballar. En noviembre de 2018 fue condenado a tres años de cárcel y a pagar, junto a su esposa, una multa de 1,2 millones de euros por defraudar a Hacienda casi seis, en sus declaraciones de 2008 y 2009.

Su primer sueño fue ser futbolista profesional, y llegó a jugar en Tercera División, pero las necesidades económicas de la familia le obligaron a abandonar el deporte rey. Aparte del primogénito que lleva su nombre y que se decantó por el de la canasta, sus otros dos hijos varones sí se dedicaron al fútbol. «Yo no les inculqué el deporte. Fueron ellos, que están aquí antes que yo incluso», se enorgullecía el expresidente del Madrid. Ya que vio frustrada su progresión en los terrenos de juego como guardameta, lo suyo fue, sin tregua en el trabajo, crecer en los despachos.

Al Real Madrid, lastrado por las deudas cuando él llegó, volvió a relanzarle deportiva (disfrutó de dos Copas de Europa, y de una Liga, con su apuesta personal, Fabio Capello), tras sonados disgustos, y también económicamente, con algunos de los mejores y más decisivos fichajes acometidos en la historia del club blanco, caso de Mijatovic o Roberto Carlos. Lo único que anteponía al Real Madrid era la familia. A la que tanto dio, ejerciendo de padre ejemplar, y que ahora tantísimo le llora.

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