Sólo se aburren los tontos

Como material de campo, no sé si niños del confinamiento, pero lo de ahora dará de si para dietarios prescindibles del confinamiento o decenas de tesis doctorales sobre el pánico y las compras compulsivas, sobre gestión logística, o sobre la notoria incapacidad de la gente para estar en silencio, leyendo un libro o viendo una película. La inflación de iniciativas para matar el tiempo revela que estamos en presencia de una sociedad estimulada en exceso. Cuando en casa hay centenares de libros por leer o releer, yo, que he podido trabajar desde casa, tengo tiempo para hacer razonablemente bien mi trabajo, leer, cocinar, ventilar la casa, y muchas otras cosas. Hoy me ha dado hasta para pensar en un Plan de Contingencia Alimentaria según el código postal, en función de los tres grandes modelos de compra, Mercadona, Consum y El Corte Inglés. Estoy convencido que si hay alguien que ha salido triunfante de todo esto ha sido el sector de la distribución comercial. Que sea difícil sustraerse al tema de la epidemia revela que es la cuestión esencial, frente a la que deben ceder los protagonismos, los ajustes de cuentas, y la tentación de buscar un culpable en el pasado y no en el presente. De todo esto surgirá algo nuevo en nuestra manera de proceder. En la higiene, en nuestra relación con los mayores, en el aprecio al personal sanitario, en la identificación de lo esencial de la vida es la propia vida, que no queden abrazos, besos y lágrimas por demarrar. En lo miserable quedarán todos aquellos que ahora deslizan el adjetivo pública cada vez que se escribe el sustantivo sanidad, y que aprovechan la pandemia para la ideología. La luz siempre sucede a la oscuridad. Tras haber sobrevivido a las heridas de guerra, el 9 de noviembre de 1918 murió por la gripe Guillaume Apollinaire. Ese mismo año, cuando cierra la Universidad de Barcelona, Josep Pla vuelve a casa a Palafrugell y comienza a escribir ‘El quadern gris’. De aquel 1918 de la epidemia de la gripe, y de la muerte de Luisito Bonora surgió el Valencia FC, y de esta negra catástrofe debería nacer una sociedad más madura, más inquieta, mejor preparada para afrontar las crisis, que sea capaz de pensar por sí misma e interpretar una estadística sin acopios de demagogia. Si hay algo que se resiente en todo lo que estamos viviendo, es constatar que ni la Unión Europea ni el Estado han sabido dar una respuesta global, firme y decidida, atenta. Hemos olvidado lo que sabían nuestros padres. Que a veces es mejor perder que más perder. Y que solo se aburren los tontos.

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