«Si quieren dejar al maltratador, no se lo digan a él, y menos en confinamiento»

Seis después de que el Gobierno decretara el estado de alarma, una mujer de 35 años ha sido asesinada en su hogar, delante de sus dos hijos menores de edad. Ocurrió en Almassora (Castellón) la noche del jueves y el hombre confesó ante la Guardia Civil. Otro caso pudo engrosar la lista de 20 mujeres asesinadas por sus parejas en 2020. El de una mujer en Sevilla que a las 3 de la madrugada fue agredida con un puñal. Su pareja, a la que le había dicho que la iba a abandonar, le cortó el cuello. Su vida pende de un hilo en el hospital. Ninguna de las dos víctimas aparecían en el VioGen.

 «Acabo de leerlo», comenta Ana Bella, directora de la fundación de apoyo a las víctimas de violencia de género que lleva su nombre. «Estamos diciendo a todas las mujeres que, Siguen activos los 016, 112, la policía, los juzgados las casas de acogida y pueden pedir ayuda. Este estado de alarma debe ser una señal para que ellas usen ese mismo miedo, valor y fuerzas que usan para seguir confinadas con ellos en romper el silencio».

El aislamiento recrudece todo tipo de violencias contra la mujer pero no cambia el fondo de su situación. «Cuando estamos siendo maltratadas, la mayoría de las mujeres ya vivimos confinadas con el maltratador», explica Ana Bella. «Hay mujeres que no tienen llave de su casa, que las encierran o que la cárcel es mental».

Guardias tranquilas

Todavía no hay cifras exactas que demuestren con base estadística que el aislamiento aumente la frecuencia de las violencias de género junto a la indefensión de las víctimas. «En los Juzgados de Violencia sobre la Mujer en Madrid, Sevilla y Valencia de momento no se ha notado un aumento de la actividad», sondea una fuente del Consejo General del Poder Judicial. «En los tres casos coinciden en que están teniendo guardias tranquilas«.

«Lo que sí se ha notado en estos primeros días es un descenso de un tercio de las incidencias en el Centro Cometa», prosigue, «que es el que hace el seguimiento de los dispositivos electrónicos. Esto significa que hay un tercio menos de quebrantamientos de medidas de alejamiento como consecuencia del confinamiento». A falta de una actualización de lo que sucede en el 016, organizaciones de apoyo a la mujer maltratada han notado, si bien no un incremento de llamadas, sí un aumento en la intensidad de las violencias.

«La situación obviamente aumenta muchísimo el riesgo de las mujeres que tienen un maltratador detrás, tanto si están en casa como si no están conviviendo con él», afirma Carmen Benito, sobreviviente de violencia de género y directora de la Asociación de Mujeres Unidas contra el Maltrato. «Cuando están mucho más tiempo juntos se multiplica el tema de la violencia. Nos han llamado varios casos y no he vuelto a saber de ellas, ni puedo ponerme en contacto con ellas por tener al maltratador en casa».

Control psicológico

Las medidas extra para intentar frenar las agresiones machistas han comenzado a implementarse. Dentro del ‘Plan de contingencia contra la violencia de género ante la crisis del COVID-19’, los ministerios de Igualdad e Interior pondrán próximamente en funcionamiento un sistema de geolocalización para que la mujer que envié un mensaje de alerta por mensajería instantánea pueda ser rastreada por las fuerzas de seguridad.

«Vivir confinada agrava el control psicológico, se hace más intensa la violencia y no podemos verlas, aunque sigamos hablando por teléfono y Facebook. Nos sentimos impotentes, pero estamos ahí, y si hace falta las acompañamos a la policía, es una causa de fuerza mayor para salir de la casa», solicita Ana Bella. «Si escuchas o sospechas que tu vecina está siendo maltratada, rompe el silencio por ella. Ella no puede reaccionar. La ciudadanía tiene que llamar a la policía, al 016 o al 112. No hace falta denuncia. En los bloques escuchamos muy bien lo que le pasa a las vecinas».

Para Igualdad, el aumento de la violencia de género en esta circunstancia excepcional es una cuestión de «lógica», y se trata de «prevenir, controlar y minimizar las posibles consecuencias negativas en las vidas de muchas víctimas de violencia de género devenidas de las medidas de confinamiento». Igualdad se compromete a mantener el «normal funcionamiento de la acogida a las víctimas en situación de riesgo, incluidas las mujeres que precisan abandonar el domicilio para garantizar su protección, el normal funcionamiento de los centros de emergencia, acogida, pisos tutelados y alojamientos seguros», entre otras medidas.

Mismo régimen de visitas

El Consejo General del Poder Judicial ha determinado que «las medidas adoptadas judicialmente en los procedimientos de familia no quedan afectadas por la regla general de suspensión de plazos y actuaciones procesales durante el estado de alarma». Dicen el órgano rector de los jueces que estas decisiones «entran dentro del contenido material de las relaciones entre los progenitores en relación con los hijos menores que surgen como consecuencia de la nulidad matrimonial, separación o divorcio y de las decisiones judiciales que fijen las condiciones del ejercicio de la patria potestad, de la guarda y custodia y del régimen de visitas y estancias». Es decir, no se altera el régimen de visitas o custodia que se han decidido con anterioridad.

Con los dos niños de Castellón que perdieron a su madre, asesinada por su padre, son ya nueve los huérfanos que deja la violencia de género en 2020. Sin embargo, el aislamiento también está produciendo otro tipo de violencia contra los hijos de las mujeres maltratadas. «Hemos sabido de madres que denuncian que el padre se ha llevado a los niños (como dicta el régimen de visitas) y, aprovechando el tema del coronavirus, ahora el padre no los regresa y las madres no los han podido ver», advierte Benito.

«Y, por otra parte, teniendo en cuenta que los niños suelen estar en casa de la madre y no pueden salir, los padres aprovechan la oportunidad para presentarse allí. El aislamiento se traduce en más violencia tanto si la mujer convive con su maltratador, como si no».

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