Los ángeles de Camerún retan al virus

Rosie llegó al hospital el primer día. Tenía la fiebre alta y había aprendido a convivir con el dolor. De su brazo derecho asomaba algo duro y grisáceo. Era un pedazo de húmero acompañado de pus. Se había caído de un árbol y había sufrido una fractura abierta… ¡Hace un año! Increíblemente, seguía con vida. «Limpiamos la herida, la operamos para cortar el trozo de hueso que sobresalía y le pusimos un drenaje. Cuando nos vinimos estaba de maravilla». Casos como el de esta niña formaba parte de la cotidianidad de diez sanitarios valencianos que durante más de dos semanas han realizado obra benéfica en Yaundé, la capital de Camerún.

«África está hecho un desastre, casos como este forman parte del día a día», subraya el cirujano Javier Coloma, que da voz a un equipo de diez sanitarios que del 1 al 15 de marzo han realizado jornadas de casi 12 horas en el Centre Hospitalier Dominicain St. Martin de Porres. La expedición la integraban los traumatólogos Julio Doménech, Javier Coloma, Marcos López Vega y Marta Moreno; la cirujana vascular Marta Zaplana, el anestesista Miguel López, la enfermera Raquel Lizana, junto a tres estudiantes de Medicina: Víctor Alegre, Mar Vercher y Sonia Pellicer. Cuando empezó su ardua labor solidaria, no sospechaban la odisea que les esperaba para volver a Valencia a causa del coronavirus.

Llegó un momento en el que perdieron la cuenta de los casos atendidos. Han pasado más de 300 consultas. «De esos, hacíamos el triaje de los que podíamos ayudar en el quirófano. Te dije sesenta y tantos, pero he consultado con el anestesista y exactamente fueron 57 intervenciones», precisa Javier Coloma: «Estábamos todos los días desde las 8 de la mañana y acabábamos sobre las 20.30 o más».

«Allí hacíamos 12 horas al día; trabajar aquí ahora me parece como estar de vacaciones», bromea el cirujano Javier Coloma

Junto a ellos estaba Vaiva, una médico lituana, así como facultativos locales. «Hemos ayudado una barbaridad. Atendimos a 40 niños de un orfanato, a un hombre que se había quemado y no podía abrir las manos… gente que llegaba andando sobre el peroné y otros que caminaban encorvados como si fueran un signo de interrogación. Son personas que han sufrido algún tipo de accidente y no han tenido medios para que los atiendan», relata Javier, que ha emprendido este año su segundo viaje solidario: «En 2019 estuve en Filipinas y he decidido hacer esta labor cada año».

Porque su trabajo cotidiano está en Valencia, como el del resto del equipo. En su caso y otros compañeros en el hospital Arnau de Vilanova y el resto, en el Clínico. Los diez sanitarios forman parte de la expedición organizada por AVASSV (Asociación Valenciana de Asistencia Sanitaria y Social Voluntaria). La ONG nació hace ya más de dos décadas para ayudar a inmigrantes sin papeles. Cuando a estos se les empezó atender en la sanidad pública, la acción derivó en países con una pobreza extrema.

Carlos Barrios, presidente de AVASSV y traumatólogo, llegó a Yaundé el 13 de marzo junto a la enfermera Inma Benet. Eran la avanzadilla de un segundo grupo que iba a relevar al primer equipo de sanitarios. La Embajada Española en Camerún, sin embargo, les urgió a todos a abandonar el país. «La sensación es que las autoridades del país no querían españoles realizando labor humanitaria a causa del coronavirus», recuerda Javier Coloma: «Y nosotros salimos por los pelos. Esperamos dos días más y nos toca quedarnos».

El viaje de ida había sido con escala en Casablanca, pero se encontraron con que Marruecos había cerrado ya los enlaces con España. «Empezamos a buscar varias opciones, miramos la posibilidad de volver por Portugal, pero tampoco fue posible. Al final encontramos un vuelo a París in extremis», relata Javier Coloma. Después de un viaje casi más agotador que una jornada operando en Camerún, los diez sanitarios aterrizaron en Manises. Treinta horas de viaje y una noche para dormir. Esa fue la tregua para la mayoría.

Porque en Valencia les esperaba el reto. El desafío de la crisis sanitaria que obliga al personal sanitario de toda la Comunitat a trabajar sin descanso. «Después de lo de Camerún, cuando termino mi jornada laboral aquí me parece como estar de vacaciones», bromea Javier Coloma, cirujano de traumatología, que ha tenido que intervenir esta misma semana a pacientes con coronavirus. Él y sus compañeros lo hacen con la misma vocación que cuando operaron a Rosie.

Leave a Reply