El relato y la realidad

Lo sospeché la primera vez que Pedro Sánchez salió a anunciar que iba a declarar el estado de alarma. Sus referencias, ya entonces, a las medidas económicas me pusieron sobre aviso. Si el panorama era tan preocupante como para decidir el confinamiento de los ciudadanos, la prioridad debía ser asegurar la atención sanitaria y ya luego veríamos sus consecuencias. Es cierto que serán graves para empresas y particulares y que se deben tomar medidas, pero se trataba entonces de una sutileza: de dejar una pausa entre un tema y otro, unas horas, un día. Hubieran bastado 12 horas entre las medidas de salud pública y las decisiones económicas, pero no. El énfasis se puso en esto último. Ya entonces tuve la sensación de que el presidente del gobierno solo tenía en mente no perder el poder. Lo pensé cuando le vi insistir en los nuevos presupuestos. Como si el virus fuera la excusa perfecta para plantear que los fracasados anteriormente o los planteados por otros grupos debían ser sustituidos por los suyos. A los ciudadanos debían explicarnos la emergencia, no hacer política ni vender ‘el relato’. La urgencia era atender a las víctimas y prevenir el contagio. De dónde sacaran los recursos era secundario. Para eso están ellos. Pero se dedicaron -se dedican cada día- a vendernos sus méritos: 200.000 millones ficticios. El virus no se ha colado en la campaña. La campaña se ha colado en la lucha contra el virus.

Lo he seguido confirmando en cada comparecencia, cada decisión y cada reunión. Ahora ya no me cabe duda: Sánchez pretende que este tsunami no se lo lleve por delante mientras su segundo ve en la debilidad de aquel la oportunidad de imponer a todos los españoles el plan de los minoritarios. En definitiva, un gobierno a lo suyo. Como si no estuviera pasando lo que está pasando. O peor aún: aprovechándose de lo que está pasando. Prueba de todo eso es la ausencia del ejército en Cataluña y País Vasco, aun a riesgo de la vida de sus ciudadanos; es el reparto de relatos entre PSOE y Podemos: uno nos salva de la pandemia y el otro vela por los vulnerables; es el control de los periodistas ignorando sus preguntas comprometidas con ruedas de prensa a medida o es la búsqueda de culpables fuera del gobierno para salvaguardar sus poltronas y negar su responsabilidad.

Y mientras tanto nos edulcoran la vida con consignas que dejarán de funcionar cuando tengamos un muerto cercano o un enfermo en el entorno. Cuando se generalicen, los responsables políticos saldrán quemados de esta crisis. No habrá relato que les salve de la realidad.

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